lunes, 25 de enero de 2016

Los cuentos de Olga da Polga, Michael Bond

(Para niños)


La foto que he escogido para ilustrar el libro Los cuentos de Olga da Polga, del que quiero hablaros hoy, la he sacado de Internet y es la de la edición que tengo yo. No he podido sacar una foto de ella porque me he dejado mi ejemplar en Madrid, con su portada casi desencuadernada, su exlibris casero que hice con 7 u 8 años, y el encanto de los libros manoseados y medio rotos que se han leído cientos de veces.

Eso fue Olga para mí en la infancia, un libro al que siempre que me apetecía (y durante una época fue muy a menudo) podía acudir, y que siempre (cada una de las veces que lo leí) me arrancaba sonrisas y hacía volar mi imaginación hacia la confortable casa de Olga da Polga en el jardín de los "señores del Serrín", como ella llama a la familia que la adquiere en una tienda de animales y se la lleva con ellos a vivir.

Además de la historia, creo que me ayudaban mucho a zambullirme en sus aventuras las preciosas ilustraciones que reflejaban perfectamente toda la "humanidad" que habitaba en esta cobaya loca.

Olga da Polga es una auténtica heroína, y todas sus peripecias (a pesar de estar contadas por un narrador omnisciente) están tratadas desde su prisma; lo que ella siente, experimenta y cuenta, sobre todo cuenta, porque Olga es una cuentista excepcional, "la Serenzade de las cobayas".

En cada uno de los capítulos del libro asistimos a un hecho aparentemente normal que ocurre en su vida y que ella convierte en un hecho fantástico y mágico, en un cuento cada vez más adornado que está deseosa de contar a todo aquel que se le ponga delante. Olga crea una realidad con sus cuentos, y esto la convierte en un personaje excepcional (aunque también presumido y fanfarrón) al que es imposible no querer.

Me acabo de enterar de que su autor, el inglés Michael Bond, también fue el creador del famoso osito Paddington, que ha sido mucho más difundido que la saga de Olga da Polga, de la que escribió no menos de cinco aventuras.

Según relata el propio autor en el prólogo, para crear al personaje de Olga se inspiró en una cobaya traviesa y valiente que tuvo su hija.

Se lo he leído a M y la verdad es que no le ha entusiasmado, creo que puede ser porque aún es pequeña para tanto texto, tan poco dibujo y las ironías y dobles sentidos que hacen que el libro sea tan gracioso. 

*(Por ahora el libro está descatalogado en español, pero puedes encontrarlo en inglés aquí.  
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lunes, 11 de enero de 2016

Mis lecturas preferidas de 2015


No he cumplido mi propósito para 2015 de aprender a usar Photoshop y maquetar las entradas de forma algo más aparente. Soy así de informal, que le vamos a hacer. 
Así que con la misma maquetación caótica del año pasado os escribo mis lecturas favoritas de este año que ha volado. No he leído mucho (34 libros en total). Bastantes ensayos de sociología y narrativa comercial, o cuanto menos accesible para el gran público. No he leído ninguna obra maestra de la literatura o libro que haya supuesto un revulsivo perdurable, pero sí ha habido lecturas interesantes y libros maravillosos a lo largo de este 2015. 
A continuación os los enseño.
Reseña del libro


Reseña


Reseña
Reseña





















domingo, 3 de enero de 2016

Luis Landero en la librería Muga

Como ya sabéis mi madre colabora periódicamente con Meriendo libros escribiendo sobre sus propias experiencias lectoras. Esta es una de ellas en la que nos habla sobre una charla que dio Luis Landero en la librería Muga de Vallekas, una de sus librerías favoritas de Madrid, que aún no conozco pero que espero visitar para poder hablaros de ella.

La librería Muga es un local emblemático de Vallekas, qué pena no tener en mi barrio una librería como esta, un lugar amable y acogedor donde, sin prisas, se puede mirar, tocar los libros, y también hablar de ellos y hasta comprar alguno, cuando lo permite el presupuesto.
Esta vez fui a Muga con una amiga para oír al escritor Luis Landero hablar de su libro El balcón en invierno. Cuando terminó a las dos se nos quedó cara de felicidad y la impresión de que nos habían hecho un regalo. Luis Landero, a pesar de ser un escritor consagrado, me pareció una persona sencilla, natural y cercana. Se le veía encantado de estar allí compartiendo la tarde con los que estábamos en la librería. 
A principios de los años 90 su novela, Juegos de la edad tardía me deslumbró, pareciéndome una gran obra más original que la mayoría de las de sus compañeros de generación. La vida de oficina, triste, gris y rutinaria de su protagonista era para mí un reflejo de la que yo arrastraba en el banco en el que he trabajado toda mi vida. No recuerdo casi nada de la trama de la novela, pero sí las sensaciones que me provocó.
Los lectores tenemos la manía de fantasear sobre la vida de los escritores que nos gustan, y yo me imaginaba a Landero como un señor de clase media, serio, formal, profesor de secundaria, pero al leer El guitarrista y, sobre todo, El balcón de invierno, me di cuenta de lo equivocada que estaba.
Landero, como varios de mis compañeros de facultad, no venía de los progres que fabricaba la burguesía urbana, sino del frío, el hambre y la miseria de los pueblos y campos de la posguerra española, aquellos que hicieron funcionar los talleres, fábricas y oficinas de España a partir de los años 50. Solo una pequeña parte de estos niños y jóvenes pudieron estudiar, a base de becas o en horarios nocturnos, después de trabajos agotadores.
Este es el mundo del que habla el autor en El balcón de invierno, con un Landero recién llegado al barrio de Prosperidad desde el campo extremeño, incapaz de cumplir las expectativas que su padre depositó en él y de durar en los aburridos y odiosos trabajos que este le buscaba.
La temprana muerte de su padre le marca para siempre, pero tiene la suerte de encontrar un profesor de la academia nocturna en la que estudia que le abre las puertas a la lectura y la escritura; aunque ya antes en el pueblo se le había abierto el mundo de los relatos orales gracias a su abuela (la mujer que aparece junto a él en la entrañable foto de la portada), analfabeta pero poseedora de un saber centenario y del arte de saber contar.
Es muy emocionante la urgencia del escritor para que su abuela, y después su madre, le cuenten historias, relatos y sucesos de sus vidas para que estos no se pierdan en la brumas del olvido.
Oía hablar a Landero casi como le leo, perdiéndome en su prosa, y os recomiendo que leáis esta última novela autobiográfica que es de lo mejor de su producción literaria.

                                                                      (Isabel Sánchez Suárez)

*Si os interesa saber algo más sobre la librería Muga podéis leer esta entrevista que han hecho a sus dueños.

(Si te interesa conseguir El balcón de invierno y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace  y ayudarme a mantener el blog).
Otros libros maravillosos de Luis Landero son Juegos de la edad tardía  y Entre líneas: el cuento o la vida









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