sábado, 30 de mayo de 2015

Para niños: 999 hermanas ranas, Ken Kimura y Yasunari Muraikami


Este cuento me ha recordado a un haiku, no sé bien por qué ya que tiene mucho más texto y acción que uno de estos poemas. Quizás es por la forma oriental de narración, que es algo diferente a los cuentos e historias de nuestra tradición cultural y a los que estamos más acostumbrados, o por su sonoridad y ritmo.
La historia es sencilla: Llega la primavera y mamá rana pone 999 huevos. Todos se abren menos uno, un renacuajo perezoso que quiere seguir durmiendo calentito.
Cuando por fin se decide a salir ha pasado tanto tiempo que él es enorme en comparación con sus hermanas y hermanos.








Y cuando aparece una serpiente en la charca, que se los quiere comer, ella utilizará su fuerza y astucia para salvarlos a todos.

He de decir que a M. la parte de la serpiente le daba bastante miedo porque está contada de forma impactante y aparece por sorpresa, así que no lo veía venir y se asustaba. Durante un par de páginas parece que la serpiente seguro que se va a comer a todos los renacuajos y esto hizo que el cuento nunca le terminase de gustar. O quizá se lo leí demasiado pronto (a los 2 años).
Puede ser un cuento para niños de entre 3 y 4 años, y si son más valientes un poco antes. 
Está escrito y dibujado por dos autores diferentes, las ilustraciones son simples y muy bonitas, y el cuento es parte de una serie de 999 ranas que tiene otros títulos. 

Os dejo con un vídeo de otra de sus historias narradas por una cuentacuentos.

Si os gusta y no lo tenéis a mano en la biblioteca o en una librería pequeña lo podéis comprar aquí.  





miércoles, 20 de mayo de 2015

Leer en el metro

Y... bueno, pues sí, me quería tirar un poco el rollo de que leo a Baudrillard, pero todo es un montaje. Juro que lo he intentado, pero ha sido demasiado hermético para mí, y esta foto me la ha hecho M. así que es posada.

Leer en el metro, ese clásico, uno de mis grandes placeres; y ahora aún más en los metros al aire libre (o S-Bahn) en los que cuando levanto la cabeza del libro puedo ver el paisaje y no solo las malhumoradas caras mañaneras de todos los que vendemos nuestro preciado tiempo por un puñado de monedas digitales. 
Paso una media de tres horas al día en el transporte público. Son muchas horas, así que lo mejor que puedo hacer es aprovecharlas y siempre que puedo disfrutarlas con un libro. 
Esta costumbre me viene de antiguo. Las líneas 1,6 y 5 del metro de Madrid. Muchas veces iba tan lleno que me hacía la fuerte sentándome con mis pantalones de pitillo en el suelo del vagón a leérmelo todo. A veces también a escribir, recreándome en la sensación de creerme una escritora incomprendida.
También es muy gozoso mirar lo que leen los demás, y clasificarlo por Eras librescas. El metro es muy dado al bestsellers así que durante varios años todo el mundo leía Los pilares de la tierra de Ken Follet, y F. se echaba las manos a la cabeza confirmando sus peores temores. Hubo otra temporada en que la consigna era llevar cualquiera de los libros de la trilogía de Millenium, en la que yo también caí (aunque en la intimidad de mi hogar), y otra larga de Dan Brown y sus misterios vaticanos. El metro es el mejor lugar para leer cualquier cosa de serie B (o Z) y para pasear sin complejos esos tochos de mil páginas llenos de intriga, conspiraciones, romance, sexo y personajes previsibles.
Espiar las lecturas de los demás también es un placer, y enamorarse durante cinco paradas de ese chico que lee el libro con mayúsculas o que espía el tuyo por encima de tu hombro.
Cuantas señoras habrán ido leyendo en el metro Cincuenta sombras de Grey envuelto en papel de regalo para leerlo sin vergüenza y disfrutar en secreto.
Conclusión: ¡Qué pena de smartphones! No invadáis también nuestro suburbano, el que hasta hace dos días nos pertenecía solo a nosotros, los lectores.




sábado, 16 de mayo de 2015

Lecturas por meses: enero y febrero (2015)

No recordaba haber leído tan poco estos dos meses. Creo que, como me pasa cuando tengo ansiedad, estuve terminando lecturas y acumulando otras que fui incapaz de terminar, paseando mi nerviosismo por el examen de alemán que cayó el día de mi cumpleaños y dedicándome a mi hija, a sus mocos y a los míos.

Esta entrada por tanto va a ser liviana y va a pasar por la página como una bala de heno silbando su tristeza.

Enero:
El balcón en invierno, Luis Landero: Novela sincera, otoñal, en la que Landero recupera su infancia en un pueblo extremeño, su emigración a Madrid para estudiar y sus primeros acercamientos a la guitarra, pero sobre todo a la escritura. Me ha gustado mucho y quería dedicarle entrada exclusiva, pero va pasando el tiempo y yo olvidando las palabras precisas para que os entren ganas de leerla. Ya veremos si lo consigo.
 Febrero:
American Gods, Neil Gaiman: Ya os conté que me pasé un par de semanas en febrero totalmente absorbida por esta novela hipnótica que me hizo reconciliarme con una ciencia ficción que desde Cenital, de Emilio Bueso, no me daba ninguna alegría. 
Es una historia perfectamente construida y con unos personajes que caminan contigo, como si fuesen reales, mientras la lees y aun después. La reseña  esta aquí.

Y... ya está. Esto dieron de sí estos dos meses.


  
   

jueves, 7 de mayo de 2015

Situaciones berlinesas, Raul Zelik


Como ya sabéis mi madre es una gran admiradora de Berlín, y además de venir a vernos (a mí y a su nieta) siempre que puede, se dedica a leer todo lo que cae en sus manos sobre la ciudad. 
Hoy le cedo el espacio para que os hable de la novela Situaciones berlinesas del escritor Raul Zelik.


Berlín, finales de los noventa, han pasado varios años desde la reunificación, Mario empieza la treintena en un estado de crisis y confusión que le lleva a poner patas arriba el tipo de vida que ha llevado hasta el momento

La crisis empieza en su WG (casa compartida) del barrio de Kreuzberg, es genial la descripción de los compañeros de piso, de la  forma de vida y de los conflictos que se dan en este tipo de viviendas, muy habituales en Berlín. 
Por un hecho casual y empujados por la precariedad económica endémica de sus miembros,  se convierten en “cobradores de deudas a morosos” lo que les lleva a vivir situaciones increíbles.

A lo largo de los capítulos vamos recorriendo distintos barrios del Berlín de aquellos años, desde los más obreros y marginales como Neukölln, hasta los más pijos y exclusivos como Charlottenburg.

El autor nos va enseñando una galería de personajes de los que no deja títere con cabeza y riéndose de todos y de todo: La madre que se ha bajado en todas las estaciones de la progresía pero que ahora parece haber cogido un tren bastante conservador; el hermanastro rico y triunfador gracias a sus chanchullos y especulaciones  inmobiliarias  propiciadas por la caída del muro y el trabajo barato de inmigrantes ilegales, pero que está pasando por un bache agravado por las  exigencias de sus numerosas ex esposas y su preocupación por un hijastro adolescente adicto a los ordenadores y hacker de alto riesgo; los trabajadores ilegales del Este y sus dificultades para sobrevivir, incluidas las del idioma. No se sabe qué provoca más risa si el alemán macarrónico con el que la mayoría  de ellos se defiende o el alemán “supercorrecto” del más listo que hace siempre de traductor, que ha debido aprender el idioma en los cursos del Goethe Institut y que es tan cursi y relamido que deja estupefactos a todos los berlineses que le escuchan. También cuenta las dificultades de relación del protagonista con su novia serbia no solo por las diferencias culturales  sino por la tremenda inseguridad de Mario, un autentico analfabeto sentimental que desde su  egocentrismo no entiende nada de lo que pasa a su alrededor y huye de cualquier forma de compromiso.

Con este libro te ries a carcajadas, pero cuando lo cierras te das cuenta de que el autor ha usado el humor para hacer una crítica feroz y muy lúcida de la sociedad en que vivimos y no solo en Alemania: la corrupción, la precariedad laboral, los trabajadores sin derechos, la pobreza, la desigualdad, la emigración ilegal.... y también la vida en nuestras ciudades cada vez más dura y difícil, y cómo afecta a nuestras relaciones personales y sentimentales.
                                                                          (Isabel Sánchez)







 

viernes, 1 de mayo de 2015

Cómic: La muchacha salvaje, Mireia Pérez





He leído pocas novelas gráficas, es un género que tengo por explorar y que aún me cuesta un poco. Los cómics con dibujos hiperdetallados en los que por un lado está el nombre del dibujante y por otro de la persona que los colorea, como los de superhéroes, me dan mucha pereza nada más verlos y los evito. Pero hay otros, como este de La muchacha salvaje, que me gustan mucho: Dibujos muy simples, colores justos  y trazo suelto.

La historia que cuenta La muchacha salvaje es muy sencilla, con un punto naíf que me atrae mucho. Tiene muy poco texto, casi nulo (las historias mudas tampoco las frecuento mucho, así que esta es una excepción), pero los personajes, sobre todo la protagonista, son muy expresivos y componen un catálogo de emociones mostradas  sobre todo con los enormes ojos que Mirea Pérez les ha dibujado. La sensación de movimiento también está muy conseguida y uno se mueve junto a los personajes como si les acompañara, en páginas que rompen con las viñetas cuadradas y dibujos que se desparraman con alegría.
La foto desenfocada no le hace justicia.
Estamos en la prehistoria. La muchacha vive en una cueva con su tribu. Se siente aislada e incomprendida. En sus paseos por el bosque espía con admiración a otra tribu que caza con lanzas. En su tribu la caza está prohibida, ni siquiera se puede hablar de ella o hacer alusiones en forma de pinturas rupestres en la pared, así que cuando la pillan dibujando sus anhelos en la piedra la expulsan del clan. Al principio está un poco desconcertada y asustada, pero ella es un alma nómada que sacará todo el jugo posible a su aventura.



La historia también es interesante porque traslada problemáticas actuales a ese momento histórico, y lo hace de una forma muy divertida y cercana que despierta ternura al leerlo. El planteamiento también tiene mucho de feminista, con esa protagonista independiente, que no se pliega a los deseos de ningún hombre y exploradora incansable.
La historia queda inacabada ya que este va a ser el primer tomo de una serie de la que estoy deseando leer los siguientes tomos.

La Muchacha Salvaje: Nómada ganó el Premio de Novela Gráfica Fnac-Sinsentido en su edición del 2011.


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