sábado, 18 de abril de 2015

Recomendaciones rápidas 4: para antropólogos heterodoxos

Por algún motivo inescrutable la antropología, así en abstracto, me ha llamado la atención desde que era niña. Creo que tiene que ver con una falsa idea de exotismo, aventura, Indiana Jones (no, espera, que eso era arqueología), llegar en canoa a lugares recónditos donde el hombre blanco nunca ha pisado y escribir muchos cuadernos de notas sobre las costumbres de los pueblos autóctonos. 

Con el tiempo he ido leyendo y volviéndome más crítica con las implicaciones coloniales o cuanto menos con la posición de superioridad intelectual de la que parten muchas de las premisas básicas de la antropología. 

También he de decir que los pocos textos "clásicos" de esta disciplina que he ojeado (no recuerdo haber leído ninguno entero) me han aburrido; cosa que me pasa a menudo cuando se intenta aplicar el método científico de observación y análisis a cualquiera de las ciencias sociales. Algo ya os conté a este respecto sobre la sociología.

Bueno el caso es que hace eones (que sonora palabra) que no escribo una entrada de recomendaciones rápidas. 

Esta va a  ser la cuarta entrega después de: la tercerala segundala primera; y va a tratar de antropología gamberra, heterodoxa o renegada (o las tres a la vez). Libros que no debéis dejar de leer si queréis reíros y cuestionarios la realidad y sus formas de observarla.

Como diría Krahe: "Cuervo ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú". 

El antropólogo inocente, Nigel Barley: ¿Por qué? Ante todo porque me pareció un libro muy divertido y porque me reí a carcajadas leyéndolo. Porque es una desmitificación en clave de humor de la figura del antropólogo, del trabajo de campo y del mito  del buen salvaje. A pesar de tratarse de un estudio antropológico está escrito con un ritmo de novela y se lee como tal. Relata sus experiencias con el pueblo africano de los dowayos y cómo a raíz de ella se cuestiona muchas de las teorías que ha aprendido en la universidad y en los libros, desmonta tópicos y se mete con todo lo que se le pone por delante, empezando por sí mismo.

Los Papalagi, Eric Scheurman: ¿Por qué? Porque son los discursos que el jefe samoano Tiuavii da a su gente contándoles las absurdas y locas vidas de los europeos. Este libro también es desternillante y es muy curioso porque se trata de algo así como un tratado de antropología inverso donde los estudiados son los blancos vistos a través de los ojos de otra cultura y cosmovisión a la que muchas veces (tanto en 1920, año de publicación de la obra, como ahora) se ha tildado de primitiva. El jefe samoano se pasea por nuestras ciudades y nuestra cultura y no puede dejar de sorprenderse y aterrarse ante lo que ve: los relojes, los coches, la prisa, el materialismo, "la enfermedad del pensamiento profundo" y muchas otras idiosincrasias del occidental que vemos en su plena absurdez gracias al discurso naíf y genial del jefe samoano. 
(Nota: no se sabe si Eric Scheurman fue solo un transcriptor de los discursos o fueron realmente escritos por él, con lo que nos encontraríamos ante un juego de falsa autoría).



Vacas, cerdos, guerras y brujas, Marvín Harris: ¿Por qué? Porque a pesar de ser un libro clásico de antropología y no ser muy heterodoxo es bastante ameno y el campo que estudia muy interesante. El libro se centra en analizar costumbres culinarias de diferentes culturas del mundo, prohibiciones religiosas con respecto a la alimentación y tesis que formula el autor sobre las condiciones materiales que conducen a estas supersticiones. Era un libro que mi padre tenía en su estantería hecha con ladrillos de obra y recuerdo ojearlo algún sábado por la mañana sin enterarme de mucho, pero con curiosidad. Habrá que releerlo.

viernes, 10 de abril de 2015

a veces la musica...

(Nota: esta entrada la he escrito para ser leída mientras se escuchan las canciones que he añadido al final).
Cualquiera que lea estas líneas sabe que la vida a veces se pone dura, y que en esos momentos es difícil no ver solo lo negro, que todo se nos hace cuesta arriba y que la realidad, acelerada e injusta, no ayuda al optimismo, y sin embargo... a veces solo con mirar a las niñas y los niños jugar, con cerrar los ojos y respirar, con escuchar la música adecuada. 
Hace dos días descubrí a la cantautora Natalia Lafourcade y ella ha conseguido con sus canciones que el viento sople en otra dirección, conectándome con aquello que tengo roto en mi interior y que necesito sanar.
Esta poesía es para ella. Gracias, Natalia.

Ya creía que la música había perdido sus poderes,
cuando ya nada me removía.
Llegó ella, y en un segundo 
me hizo de nuevo consciente,
mis venas latiendo fuerte,
el recuerdo de mi placenta bombeando vida.
Como un árbol enraizado mis pelos florecen
y se erizan con sus notas.
Dejo que el sol me acaricie, 
me limpio de todo lo feo
que no podía dejar de ver.
"Yo te llevo adentro, hasta la raíz".
El asfalto se rompe con mi caminar, oigo las plantas crujiendo bajo el suelo y su poesía es zumo de inspiración para materializar esa selva fresca que se esconde detrás de las fachadas "para el espíritu elevar y dejarlo llegar al fin". Hay  marimbas y tambores, el olor de las olas rompiendo furiosas. Me cruzo con sonrisas recién despertadas. Estábamos tan tristes. Ahora pataleamos a conciencia "voy a crear un canto para poder exigir que no les quiten a los hombres lo que tanto les costó construir". Eleva tu canto, Natalia, mi siesta era pesada y duraba ya demasiado, silbo y paladeo tu voz. Estás aquí, tan cerca, con tu música.
(Para Natalia Lafourcade)






miércoles, 8 de abril de 2015

Lecturas por meses: diciembre

Sigo, a este ritmo serrano que me caracteriza, con mis lecturas por meses. En la entrada de hoy toca diciembre, sí, sí, el de 2014. Da vergüencilla, pero si no me pongo me acabarán dando las uvas del año que viene.

Diciembre fue un mes "medio-medio" de lecturas y de él aún arrastro tres libros en el Ebook que estoy retomando ahora y de los que no hablaré en este repaso.

  1. Plétora de piñatas, Mauro Entrialgo: Este autor es una apuesta segura, y todos y cada uno de sus cómics tienen la capacidad de hacer que me desternille (literalmente) de la risa. Merece entrada para él solo así que no comentaré mucho más. 
     

    2. Rabia, Sergio Bizzio: Extraña e hipnotizante novela que ya reseñé aquí. 
 3. Sociología para principiantes,  Martín Laforgé y Sanyu: Acercamiento tímido a la sociología para descubrir que en realidad que ya conocía a muchos de los sociologos reverenciados y aunque a muchos de ellos no  hay  quien los entienda, me ponen. Reseña aquí. 

4. Das lässt sich ändern, Birgit Vanderbeke: Bueno pues ahora voy y lloro. Libro en alemán que era una lectura obligatoria para mi examen de C2, que me encantó y que a pesar de ello no logré transmitir a los examinadores de forma suficientemente entusiasta, por lo cual tendré que volver a leerlo. Ya os contaré con más detalle. Es un libro estupendo. Quizá no esté traducido al español. Ahora mismo escribo a la editorial.
  

        
 El mes fue flojo porque dejé libros colgados que siguen pululando por ahí y porque leí menos de lo que me hubiera gustado.








 

domingo, 5 de abril de 2015

En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano

Leí esta novela de Patrick Modiano unos meses antes de que le concedieran el premio Nobel de literatura. Soy consciente de que mi opinión es cuestionable, pero creo que es un Nobel inmerecido. Otro tema interesante sobre el que hablar sería en base a qué criterios se concede este premio, si intenta influir en el establecimiento de un canon, quién entra dentro de ese canon y quién se queda fuera, y por qué. Un ejemplo, aunque no el único, es por qué hay tan pocas mujeres a las que se les haya concedido el Nobel de literatura. 

La efigie nos da algunas pistas: hombre blanco, occidental, heterosexual y pudiente.
 La sensación que me dejó está novela tiene similitudes con el aire. Es ligera, no empalaga, no quema, no moja, no mancha, pero se va como viene. Es vaporosa, poco consistente y se olvida una vez leída con la facilidad con la que una ráfaga de viento se lleva las hojas. Hay un poso, claro que sí, yo no digo que sea una mala novela, y tiene un estilo trabajado, depurado y ambiguo a un tiempo. 
Hay un trasfondo que me interesa, y al que siempre me gusta acercarme, descrito y reflejado de forma diferente dependiendo del escritor: la bohemia, en este caso la paradigmática, que es la parisina. el café del título donde se reúne esa "juventud perdida! conformada por escritores, pintores, poetas malditos, futuros situacionistas y algún otro que simplemente pasaba por allí.
Así que empiezo la lectura con esperanza y algo de ansiedad anticipatoria, pero eso que espero nunca termina de materializarse. Modiano presenta una escena, el planteamiento de una historia, y el lector (o yo por lo menos) espera el nudo, el desarrollo de esa historia, pero llego a la última página de la novela, la 131, y sigo esperando. El autor da vueltas al tema, presenta a los personajes y los deja en una indefinición incómoda paseándolos por un París desértico y cubierto por una neblina pegajosa, sin destino, ni real ni metafórico, más allá del café bohemio al que siempre vuelven como si se movieran en círculos. 
Sé que esta languidez es premeditada y que forma parte de su estilo literario, pero pasado el primer tercio de la novela para mí pierde interés y como he dicho tengo la sensación de que me deja a medias. 
En realidad hay un misterio: una chica que se llama Loukie y que se puede decir que es la protagonista. La información sobre ella la va mostrando a pequeñas dosis. Cuatro hombres nos cuentan su relación con ella, sus encuentros y desencuentros, y todo es inquietante, poético y con un toque siniestro. 
Por lo que leo en algunas críticas esta novela representa bastante bien el universo literario de Patrick Modiano y es como si fuera una parte de una gran obra o poema en prosa que lleva escribiendo desde hace 40 años.
Si cae en mis manos otra de sus novelas podré matizar mi opinión o reafirmarla. Os tendré informados.






viernes, 3 de abril de 2015

Para niños: Elenita, Campbell Geeslin y Ana Juan

Elenita quiere ser sopladora de vidrio, igual que su padre el vidriero,  pero a él no le parece bien porque, al fin y al cabo, "¿quién ha oído nunca hablar de una sopladora de vidrio?". 

Eso no puede ser, pero Elenita es valiente y quiere ir en busca de su sueño, así que una mañana se viste de chico y marcha por el desierto rumbo a Monterrey. Durante el viaje, y con su don cantarín, ayudará a varios animales y hará amigos que la acompañarán hasta su destino. Una vez allí volverá a demostrarles a todos que puede hacer cosas maravillosas con el vidrio, aunque no sea un chico, y
al final del cuento también le dará una pequeña lección de humildad a su padre.


La colorida y bulliciosa ciudad de Monterrey
Me ha parecido un cuento entrañable, con unas ilustraciones envolventes y con un punto expresionista, y a M. le ha gustado tanto que me pide que se lo lea todas las noches. Está muy bien el que esté ambientado en México para poder mostrar a los niños otros referentes culturales diferentes, y por supuesto lo que más me gusta es que es un cuento feminista, con una protagonista valiente y alejada de modelos rancios. Lo vi reseñado en una guía editada por la diputación de Granada titulada La mochila violeta que hace un exhaustivo repaso por edades de cuentos coeducativos para enseñar a los niños/as valores de igualdad, respeto y tolerancia. La podéis descargar en pdf aquí.
Y para terminar el mensaje final del libro, que también nos resuena a los mayores:

Elenita
escrito por Campbell Geeslin e ilustrado por Ana Juan
editorial Kókinos, 2004


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