martes, 24 de febrero de 2015

Para niños: La bruja Brunilda (Zilly die Zaubering), Korky Paul y Valerie Thomas

Aquí la bruja Zilly se va de vacaciones
Este lío de nombres tiene un motivo, la bruja de esta serie de cuentos se llama Zilly en la versión alemana, Winnie en la versión original inglesa y Brunilda o Geltrudis (el más feo) en la versión española. 
De pequeña me encantaban las brujas y fue uno de mis disfraces recurrentes. El libro El manual de la bruja me acompañó y me hizo reír sin cansarme durante muchos años (se merece entrada propia, así que lo veréis por aquí en algún momento). 
Mi impresión es que en esta época las niñas/os viven en una dictadura princesil y las brujas están mal vistas, ninguneadas y asociadas siempre a valores negativos. Quizá también era así cuando yo era niña, pero como mi experiencia con su figura fue diferente puede que no sea objetiva.
El caso es que M. y yo hemos descubierto a Zilly en la biblioteca y ambas buscamos con ganas cada una de sus aventuras, porque Zilly mola mucho: es más chula que un ocho, pasa olímpicamente de depilarse las piernas, le encanta ser bruja y no necesita ningún príncipe desaborido para pasárselo bomba, viajar a lugares recónditos con sus conjuros y disfrutar de la vida con su gato Zíngaro.
Zilly es una bruja moderna, que escribe emails y navega por Internet. Me encanta su pose y cómo se viste. A M. también le gusta mucho y el año pasado se disfrazó de su personaje, aunque este año haya sido abducida por la reina de nieve y las princesas.

En este cuento Zilly y Zíngaro, cansados de la rutina, se van de vacaciones a la playa, donde Zilly, mientras bucea, no puede resistir el impulso de convertir unas cosas en otras, entre ellas a Zíngaro en un pulpo para que pueda nadar con ella y disfrutar de las maravillas del fondo del mar.

Las ilustraciones son una explosión de color y detalles, y es muy fácil imaginarse las personalidades de Zilly, burlona, valiente y divertida, y Zíngaro, miedoso y mimoso, a través de sus trazos. 
No perderse el detalle de las piernas peludas y el guiño a Afrodita emergiendo del mar.
Los cuentos de Zilly son irónicos y tienen un par de guiños para los adultos que, hasta que los niños saben leer, somos los que les leemos los cuentos una y otra vez.
Y hemos conocido a sus locuelos familiares, su casa y muchos de sus hechizos.


A los pequeñajos que tengáis cerca seguro que les encanta... y a vosotros también.









viernes, 13 de febrero de 2015

No ficción: Alimentación inteligente, cocina saludable, Antonio Palomar


El camino que me ha llevado hasta este libro ha sido largo. En Madrid, cuando participaba en el colectivo "Bajo el asfalto está la huerta", dentro del grupo de la Lavan, además de tener reuniones larguísimas, hacer amigos de los de verdad y empezar a construir mi ideario y mi revolución particular, nos gustaba hacer grupos de lectura, en los que leímos entre otros La represión del deseo materno, de Casilda Rodrigáñez; o pasarnos unos a otros lecturas (normalmente ensayos o libros de divulgación) que nos parecían interesantes y significativas. Dos de esos libros fueron Cuídate, compa y La sabiduría de Higea, este último escrito por Antonio Palomar, autor del libro del que quiero hablaros hoy. No estoy segura de si llegué a leerlo entero o solamente algunos fragmentos, para empecé a hacerme una idea de los postulados de su autor.

Ahora, por felices circunstancias (Antonio me ha regalado el libro), me encuentro ante este tratado sobre alimentación inteligente, que me ha sorprendido en varios aspectos: 
  1. Pensaba que al ser un libro sobre alimentación sería más aburrido y difícil de leer de corrido, y no ha sido así, ya que además de hablar de las propiedades de los alimentos nos cuenta las bondades (y maldades) de los diferentes métodos de cocción y preparación de los alimentos, las características de las dietas saludables, las particularidades de comer los alimentos crudos y con qué aspectos hay que tener cuidado para evitar intoxicaciones, los tipos de toxinas naturales en los alimentos y mucha más información útil de cosas que desconocía o que me ha refrescado conocimientos que dispersos.
  2. El libro expone datos curiosos, como la existencia de un quinto sabor y una descripción detallada de los encurtidos y germinados (¡los adoro!) con sus pros y contras, entre otras; y también desmonta mitos y leyendas profundamente arraigados en el inconsciente colectivo, como los peligros de cocinar con el microondas.
  3. Me ha gustado mucho el que es un libro nada dogmático. Todas sus informaciones están justificadas con estudios científicos e intenta aplicar la lógica, por lo que es fácil empatizar con lo que nos cuenta. 
  4. La filosofía que subyace a este tratado la comparto plenamente, y está alejada de una vida y una alimentación estoica y flagelante para estar sanos, sino que se mueve más en la línea de tener información sobre lo que comemos, buscar equilibrios, consumir mucha menos sal, azucar y carne, pero sin prohibirlas, comer más variado, crudo y colorido... pero sobre todo disfrutar con la comida que, al fin y al cabo, además de ser nuestro sustento también es un placer.
 Si os interesa la alimentación equilibrada, tener más información sobre las propiedades de los alimentos, las formas de cocción y preparación de los alimentos y muchas más cosas sobre el tema de la alimentación, este libro os encantará como manual de consulta.  

(Si te gustaría tener este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener activo el blog).





jueves, 5 de febrero de 2015

Recursos que utilizo para aprender alemán



Aprendo, o intento aprender, listas interminables de palabras en alemán, se me resisten con uñas y dientes los verbos, con su séquito de prefijos (fijos y separables) que matizan, enriquecen o les cambian totalmente el significado, y que contribuyen a la confusión y frustración del que quiere aprender este idioma. Bueno, podréis decirme, todos los idiomas en su registro culto tienen muchas palabras que luego no se utilizan en el lenguaje del día a día. Ahh, ingenuos, el alemán no es así. Ellos, admiradores incondicionales de los sinónimos y la palabra hiperprecisa, utilizan en un texto o conservación frecuente unos cuantos sinónimos para expresar el mismo concepto o idea, y yo aprendo y olvido y vuelvo a aprender.
De todas formas en esta entrada no quiero centrarme en el vocabulario, sino dar algunas pinceladas más generales sobre mi proceso de aprendizaje y una lista de acciones que me están ayudando a aprender el idioma de Goethe, por si os pueden ser útiles.
 Para mí el aprendizaje del alemán es como una carrera de fondo alrededor del mundo o la escalada de un ochomil. Es un idioma muy ingrato al estudio ya que tiene una gramática muy amplia y precisa, con muchísimas excepciones, diversas formas de construir el plural y unas declinaciones, con terminaciones muy parecidas entre sí (e, er, en, em, es) que hacen que uno se equivoque en sus combinaciones una y otra vez. Para mí también es difícil el que se declinen tanto los artículos como los adjetivos, y a veces los sustantivos.
Vivo en Berlín desde hace 6 años y ya tengo el oído bastante habituado a la sonoridad del idioma: puedo hablar por teléfono, entiendo las conversaciones (también de grupo), puedo leer libros complejos, etc, pero he de decir que los primeros tres años no puse nada de interés en aprender, así que si te lo tomas en serio en cuatro o cinco años de aprendizaje intensivo puedes llegar a un nivel C1 o C2. Yendo a clase de forma regular es mucho más fácil aprenderlo, pero si no tienes suficiente dinero puedes alternar los cursos con el aprendizaje de forma autodidacta. Eso si hay que tener disciplina estudiar una o dos horas todos los días. 
Puede que estés en medio del proceso de aprendizaje y te sientas desmotivado porque no ves avances significativos. Lo que te puedo decir es que son fases que todos pasamos (la interlengua) y que no significa que sepas menos, a veces incluso al contrario, y lo que demuestra es que no aprendemos el alemán de forma ascendente sino siguiendo un esquema de sierra imaginaria, con subidas y bajadas. 
Os voy a dar algunos trucos o recursos para coger soltura con el idioma cuando ya se sabe algo, y que a mí me han ayudado:
  1. Las películas de la biblioteca en alemán con subtítulos en alemán (preferiblemente películas chorras que quizá nunca verías en tu idioma, pero que no sean muy difíciles de entender).
  2. Oír la radio en alemán: mientras limpias en casa o por la calle con los cascos. Yo escucho Deutschfunk radio. Noticias y programas culturales.También se pueden escuchar audiolibros.
  3. Recursos en la red: Curso en video para hispanohablantes.
  4. Revista "Vice" en alemán. Artículos y reportajes irreverentes, divertidos y modernetes.
  5. Deutschewelle. Aquí hay de todo. Yo procuro escuchar un reportaje en mp3 cada día (duran unos cinco minutos) y leer algún artículo.
  6. Serie "Ticket nach Berlin" también de la Deutschewelle.
  7. Buscar un libro que te interese en alemán y leerlo marcando las palabras que no entiendes y luego escribiéndolas y buscándolas en el diccionario. No todas, solo las que creas que son más importantes para entender el argumento.
  8. Si una novela te resulta difícil puedes coger también de la biblioteca libros para niños, y aquí sí apuntar todas las palabras que no conozcas.
  9. Buscar en Facebook grupos de aprendizaje de alemán. Cuelgan muchas fotos con gramática, etc.
  10. Buscar un tándem español-alemán o un grupo de conversación
  11. Apuntar las palabras nuevas en tarjetas (un color para cada categoría: nombres, verbos, adjetivos), por un lado en alemán y por el otro su traducción en español. Yo las llevo en una caja y todos los días las repaso. Este método funciona mucho mejor si escribes una frase para cada nueva palabra.
  12. Ponerte metas. En 6 meses tengo que ser capaz de...... en un año de........
Hay más trucos de memorización que estoy aprendiendo ahora, pero será un tema para otra entrada.
Para ser fiel a mis costumbres os dejo unas palabras compuestas de lógica aplastante que seguro que os sacan una sonrisilla.
  • Regenmantel = chubasquero. Compuesta por Regen (lluvia) y Mantel (abrigo).
  • Weltraum= universo. Compuesta por Welt (mundo) y Raum (estancia/habitación). El universo es la estancia del mundo.
  • Nachtisch= postre. Compuesta por nach (después) y Tisch (mesa).
  (Esta entrada se la tengo que agradecer a Valeria, que me escribio para que le diese ánimos en su proceso de aprendizaje del alemán, y esto fue más o menos lo que le contesté) 



 


martes, 3 de febrero de 2015

La rubia de ojos negros, Benjamin Black

Le he puesto una ambientación otoñal para que resaltara un poco en su grisura.
La cosa, quiero decir, el libro, no pintaba mal. Novela negra norteamericana deudora de la época dorada de detectives, chicas en apuros, gestos fruncidos y tópicos del género. Bueno... quizá no pintaba tan bien. Me gustan los thrillers, pero no soy una gran lectora de este tipo de libros. La única saga de detectives que he leído con alegría ha sido la de Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán (y que se merece una entrada por méritos propios), y sí, también leí en su momento la trilogía Millenniun de Stieg Larson, que se fue desinflando sin remedio a partir de la segunda novela. La floreciente escena sueca del género me es totalmente ajena. Resumiendo, que soy una lectora muy poco instruida en estos lares. Ah, Humphrey Bogart cuando interpreta a Marlowe también me deja bastante fría, así que tenía que haberlo visto venir.
Aquí tenemos a un escritor John Banville, que con el seudónimo de Benjamin Black escribe novela negra. En este libro se pone en la piel del escritor Raymond Chandler (que quizá sea un clásico pero que para mí fue una tortura al intentar leer El sueño eterno con trece años) y retoma a Marlowe, la creación que le hizo famoso. Solo he leído una obra de Banville, El mar, y me encantó la cadencia de su prosa. En La rubia de ojos negros no he reconocido su estilo. Eso podría ser bueno, ya que significaría que ha sido capaz de hacer suya la escritura de Chandler, pero lo que a mí me ha transmitido ha sido un "tedio eterno". 
Se supone que una novela negra está para devorarla, para que te quemen sus páginas desentrañando misterios y dándote sustos a la vez que sus personajes, ¿no? Pues en esta obra el misterio está ahí, pero podría no estar y no se le echaría de menos. En ningún momento de la trama hay tensión o interés en resolver el caso, Marlowe va de un lado a otro cabizbajo, sudando y meditabundo, hay una rubia que es un suplicio de mujer, y hay matones que pegan palizas sin saber muy bien por qué, y cuando te lo explican pues te quedas igual que estabas.
Lo único que me ha gustado es la ambientación de Los Ángeles en los años 50 y algún pensamiento de Marlowe que se eleva un poco de su media plumbea.
Creo que lo digo todo si os cuento que lo he dejado cuando me faltaban menos de cuarenta páginas para terminarlo y en las que se supone que iban a resolver el misterio, del que no puedo contar nada porque lo he olvidado por completo.
¡Un tostón! Quedáis advertidos.




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