jueves, 30 de octubre de 2014

Imágenes de Berlín

Ya os estaréis acostumbrando a que en el blog, además de libros, muchas veces hay asuntos: reflexiones, cuentos y cosas que se me ocurren. Hoy me acompaña una pluma invitada (y muy cercana) que os va a hablar sobre Berlín, la ciudad en la que vivo, pero de la que no hablo mucho por aquí. A ver qué os parecen sus imágenes de la ciudad.

Mi hija y mi nieta viven en Berlín, y yo voy dos o tres veces al año. Mi impresión de la ciudad no es la de la típica turista que está unos días en un hotel y va corriendo de un sitio a otro para ver los lugares más emblemáticos, pero tampoco puede decirse que la conozca a fondo, sobre todo porque mi alemán se limita a unas pocas frases y porque suelo moverme siempre por los mismos barrios (Neukölln y Kreuzberg), en general fuera de los circuitos turísticos habituales.

Así que lo que voy a contaros son las impresiones subjetivas que ha ido dejándome la ciudad y, como buena española, veréis que continuamente hago comparaciones con mi país.
Dicen que cada ciudad tiene un olor particular, la primera vez que llegué a Berlín el olor me recordó al de los veranos de mi infancia en Gijón: humedad, prados verdes, carbón… Me parecía que la ciudad estaba dentro de un bosque y que en los claros habían ido surgiendo los barrios. También huele a río y a veces casi a mar. El Spree, sus canales y sus puentes van recorriendo y marcando la ciudad y sus orillas, a veces verdes y otras fabriles, y son una parte importante del encanto de Berlín
Otro tópico que se me derrumbó fue el idioma: parece que el alemán tiene que ser duro, seco, estridente, y sin embargo al oído (por supuesto sin entender una palabra) suena suave, claro, musical, pronunciado en voz baja y con continuas formulas de cortesía y no a gritos como es habitual entre nosotros.
La luz de Berlín es melancólica y singular, y su climatología variable e impredecible. En un mismo día el cielo puede estar negro, luego llover a cantaros y de repente desaparecer las nubes y estallar el sol. Guardo una imagen impactante que se me ha quedado grabada: uno de esos días, después de una gran tormenta, vi una luz espectacular al final de una calle y de repente salí a un espacio verde que se extendía inmenso ante mí, con personas paseando a lo lejos, a las que la distancia hacía parecer pequeños muñecos; luego me enteré de que era el famoso aeropuerto de Tempelhof, que hacía poco que había sido cerrado y que ahora es un gigantesco espacio verde de ocio y disfrute para los berlineses: Cometas, bicis, barbacoas, huertos… Para mí  es un lugar especial lleno de recuerdos de  paseos con mi hija y mi nieta, que viven muy cerca. Allí oí a mi nieta diciendo sus primeras palabras en alemán, levantando un dedo y diciendo con su vocecilla: “Ein Eis, bitte”. (un helado, por favor).

Me gusta mucho la arquitectura y los espacios urbanos de la ciudad, y cada vez me parecen más llamativas las diferencias entre Madrid y Berlín. Parecen dos viejas damas que han vivido mucho:

Una de ellas, Madrid, era bonita, sencilla, algo provinciana pero con mucho encanto; en los años 80 le dicen que le ha tocado la lotería y como es muy alegre y con muchas ganas de vivir se lanza a hacer obras en la casa y a comprarlo todo nuevo, y a los pocos años se da cuenta de que el dinero de la lotería se ha esfumado, que los muebles eran muy brillantes y modernos pero de pésima calidad, y que los que tiró a la basura ahora son vintage, valen un riñón en las tiendas de antigüedades y para colmo ella se ha hecho un montón de operaciones de estética y ya nadie la reconoce.

Berlín sin embargo es una señora solida, austera pero orgullosa de su pasado imperial e industrial, y consciente también de su pasado oscuro, el nazismo, para no repetirlo nunca más. Una dama que quiere conservar la memoria y sus señas de identidad gastando lo menos posible.

La primera vez que me perdí paseando por Berlín muchas cosas me recordaron al Madrid de  los años cincuenta, pero a una escala mucho mayor: grandes calles, plazas y avenidas, parques que parecen bosques, inmensas  estaciones de metro, tranvías… y a  pesar del paso de los años y de la guerra, parece que todo se ha conservado tal y como estaba. Los barrios y los edificios parecen antiguos, y como esto es imposible después de los bombardeos, se supone que muchos los han reconstruido piedra a piedra y que se ha intentado mantener todo tal y como era: los picaportes de metal, las escaleras con ventanas de vidrio antiguo, las tarimas y las antiguas estufas de cerámica. Las calles siguen conservando los adoquines, y de noche la iluminación es escasa. Se han conservado estaciones de metro de los años 20 con su estética art deco: los mismos azulejos, las lámparas, etc., y cuando se restauran (una a una, con mucha calma y muy poca maquinaria y personal) se respetan escrupulosamente los materiales originales.

Aún me quedan muchas cosas que contar de Berlín; a estas alturas ya habréis adivinado que mi hija es Aida, la autora del blog, así que si me deja os amenazo con una segunda entrega  y con editar juntas una miniguía de Berlín.


  




martes, 28 de octubre de 2014

Para niños: El punto, Peter H. Reynolds

Lo primero que me llamó la atención de este cuento fueron sus ilustraciones. Me recuerdan mucho a las de Quentin Blake, el dibujante que tantas veces ha formado equipo con Roald Dahl y que hacía que sus historias fueran aún más divertidas y ácidas.
la protagonista de El punto es Vashti, una niña que piensa que no sabe pintar, pero que con un ligero empujoncito saca toda la creatividad que tenía dentro y que no sabía cómo canalizar. El cuento también habla de los buenos profesores, esos que animan a los niños a dejarse llevar y que les refuerzan la confianza en sí mismos y sus potencialidades sin dirigismos.





La clase de arte deja de ser un rollo para Vasthi cuando descubre que ella también es una gran artista con mucho que expresar y mostrar.

 Cuando ve que su profesora ha colgado "su punto" en la pared no se lo piensa dos veces y decide ponerse a pintar algo mucho mejor.


Vasthi pinta el punto de muchas formas posibles y sus cuadros causan sensación. Al final del cuento ella estará preparada para enseñarle esa valiosa lección a otro niño (y también a los lectores que escuchen o lean el cuento).
Me gustan mucho los valores que transmite esta historia y cómo está contada para que los niños la entiendan perfectamente. Es un estupendo cuento sobre la motivación, la creatividad y la libertad para expresarla como cada uno quiera.
Muy recomendable para niños/as a partir de los tres años.


El punto, Peter H. Renolds, editorial Serres. Cartoné.

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jueves, 23 de octubre de 2014

Lecturas por meses: septiembre

Que escriba la entrada sobre mis lecturas de septiembre ya terminando octubre puede significar varias cosas:
  1. Que tengo muchísimas cosas que hacer y no he encontrado el momento de escribir.
  2. Que he leído sin parar y la lista era tan larga que siempre encontraba una excusa para no ponerme con ella.
  3. Que no he leído mucho, he saltado de un libro a otro como un saltamontes, he ido intentando terminar lecturas pendientes y los libros de septiembre (salvo honrosas excepciones) no han sido nada del otro mundo.
La opción tres es la que más se acerca a la realidad. 
Ni siquiera la foto es del todo cierta ya que algunos de los libros que he leído ya han sido devueltos a su hogar bibliotequil.
 Para Roberto Bolaño, Jorge Herralde: Este libro es una de las excepciones. Imprescindible para fans de Bolaño. Lectura nostálgica que me ha despertado recuerdos y filias. He escrito una entrada más amplia aquí.

Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española: Salvo un par de cuentos los demás han pasado sin pena ni gloria (y casi sin rozarme). He escrito sobre él aquí.

Black Out, Marc Elsberg: Sigo leyendo, a remolque, este bestseller de anticipación sobre apagones y colapsos. ¡Es soporífero! Lo que hay que hacer para aprender idiomas.

Breve introducción a la teoría literaria, Jonathan Culler:
Este ensayo sobre teoría de la literatura sí me está gustando. Es interesante, ameno y lleno de reflexiones y nombres de teóricos que me da gustirrinín escuchar, aunque no me haya atrevido a leerlos. (Cómo me gustan los atajos).

La rubia de ojos negros, Benjamin Black: Reinterpretación de escritor con seudónimo del dectective Marlowe. Me ha costado un imperio terminarla. Salvando un par de aspectos que sacan a la luz al buen escritor que hay detrás, me ha parecido muy aburrida y con una trama de todo menos intrigante. A ver si saco tiempo y le dedico una entrada criticona para ella sola.

He de decir que las lecturas de octubre están siendo mucho más fructíferas... y menos mal.
¿Me contáis vuestras lecturas en los comentarios?  







viernes, 17 de octubre de 2014

Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española. Selección y prólogo de Juan Gómez Barcena

Vi este libro expuesto en una estantería de novedades de la biblioteca y lo cogí pensando que leerlo sería una buena oportunidad de acercarme a jóvenes escritores españoles. Autores que no conocía ni de oídas y que han sido recopilados en este volumen por criterios que he de confesar que se me escapan, más allá de lo generacional (tienen que ser autores de menos de treinta años) y de la breve nota biográfica que acompaña a cada relato: ha ganado "X" premios, ha publicado tal libro, le han dado una beca o escribe en la revista... Suponiendo que estos logros se deban a méritos literarios probados pueden suponer un buen criterio de selección para una antología, pero también es cierto que en el mundo del arte y de la literatura el por qué se publica y se premia a unos autores y no a otros a veces tiene que ver con factores extraliterarios.
He de decir que en general los relatos me han dejado bastante fría. Quizá porque no he conseguido meterme en el universo que me proponían, porque los confundía unos con otros sin llegar a apreciar el estilo del escritor o de la escritora, porque constato en algunos de los autores los titubeos que yo también tengo a la hora de construir personajes y tramas.
Para mí los más destacables son: "Yo mataré monstruos por ti" de Victor Balcells, por su prosa poética y su capacidad de crear atmósferas oníricas sacadas del costumbrismo; "Yo no iba a venir" de Cristina Morales, que es una divertida sátira sobre las ponencias feministas y las cuestiones de género en la teoría de la literatura; y "La última obra de arte" de Juan Soto Ivars, porque crea tensión desde la primera línea y da miedo.
Como señala Juan Gómez Barcena, el antólogo, se ve claramente una querencia por el tema familiar. Casi todos los relatos están plagados de abuelos, tíos, padres y madres. En muchos de los relatos la ambientación es explícitamente autóctona y hay en varios de ellos un interés por el lirismo narrativo y las imágenes simbólicas.
Me parece una iniciativa interesante y necesaria de renovación y posibilidad de dar a conocer a autores poco o nada publicados, aunque bajo mi punto de vista el resultado es desigual.









martes, 14 de octubre de 2014

Palabras

L
Las palabras siempre me han funcionado como un bálsamo para el desamor. 
El poema Palabras lo escribí en 2007.


Nuestra historia de palabras

agotadas antes de dichas,

cuchicheadas entre dientes,

susurradas mirando al suelo,
reflejadas en cristales sucios,
vaciladas una y mil veces,
necias y victimistas,
añejas y solas, 
tristes y quejumbrosas,
¡uñudas!
Nuestra historia de palabras
que no admitían réplica.
Plagada de circunloquios
y lugares comunes.
Recorriendo en dos sentidos
una calle sin salida;
mentirosas y vacías.
Hasta que un día te dije:
–No estoy hecha de palabras
… no vuelvas a nombrarme.
 




 















  









sábado, 4 de octubre de 2014

Metacamiseta

Foto de Sergio Frutos. (http://www.sergiofrutos.de/sergiofrutos.php)
La sociedad de consumo en este capitalismo tardío, decadente y cada vez menos orondo no deja de producir objetos, cosas servibles y también inservibles, a un ritmo frenético, para que sean devoradas por nosotros (a la vez que nos devoran) a cambio de dinero, dinero que volverá a la rueda de la producción en cadena y al consumo voraz en una suerte de rueda infernal de hámster que nunca debe detenerse, y que si, como en esta crisis interminable que vivimos, se empieza a ralentizar o hace amagos de pararse, nos plantará frente al "gran problema" del la (chan, chan, chan...) falta de crecimiento
Y así en medio de este apunte que me he marcado sobre el paradigma del crecimiento perpetuo y exponencial, que se ha convertido en un furibundo dios intocable del post capitalismo global, por qué me da a mí por ponerme a hablar de camisetas, que qué tendrá que ver la velocidad con el tocino. Pues porque de tanto mirar a la gente una acaba aprendiendo cosas y elaborando teorías sociológicas de salón. Una de las que cultivo es que las camisetas son un símbolo de este tinglado en el que nos hallamos y una representación fiel de esta "metagilipollez" que nos caracteriza.
Cuando las relaciones interpersonales, el apoyo desinteresado y otros aspectos importantes de nuestras vidas se caracterizan por la liquidez y la incertidumbre se da una hiperreafirmación personal basada en el aspecto físico (las tiranías de la juventud y los estereotipos de belleza) y la forma de adornarse (tatuajes, piercings, etc.) y vestirse.
Es como si los menores de ¿40?, ¿50? años utilizáramos la ropa como eslóganes publicitarios de nosotros mismos, de nuestros gustos, orientación política o posicionamiento vital. Unas veces con conciencia, otras utilizando la ironía y el juego, y otras simplemente porque sí: o llevo una camiseta de Los Ramones sin haberlos escuchado nunca solo porque el revival del heavy es una nueva moda que será devorada y deglutida como todas las demás. La cosa ha llegado a tal extremo que vestimos a nuestros hijos como la extensión en miniatura de nuestras ansias de ser modernos.
Algunos ejemplos espeluznantes (y atrayentes):
  1. La chica con una camiseta en la que aparece una chica (muy parecida a ella) esnifando una gran raya de cocaína que dibuja la palabra Facebook, o hostia que miedo dan las verdades.
  2. Las camisetas de Go Veggi, o hazte vegano o te parto el morro.
  3. Las que llevan el lema Fuck Google, ask me, o me voy a reír del creador.
  4. Chica con unas tetas tremebundas con una camiseta de la cara de la modelo Kate Moss, la cual, gracias a su generosa anatomía, se deforma hasta mostrar una mueca macabra.
  5.   Y para no olvidar los clásicos no puedo dejar de mencionar las camisetas con motivos de los indios americanos o las de las caras del Che, reinterpretadas ya a estas alturas de mil maneras.
Si se os ocurren más ejemplos contádmelos en los comentarios.  




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