miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mis lecturas preferidas de 2014


Copiando inspirándome en muchos de los blogs de reseñas y literatura que leo, y en concreto en esta entrada con fotos del blog de Miguel Alcazar voy a hacer un resumen visual de los libros que más me han removido/gustado/impresionado a lo largo de este año. No están ordenados por orden de preferencia ni de lectura.
 


Reseña
  
Reseña
Reseña
Reseña
Reseña

Reseña
La constancía no ha sido una de mis virtudes, así que para mí continuar con este proyecto cada vez más ilusionada y dedicándole más tiempo es todo un logro. Empecé el blog en enero de 2014 y ya llevo casi un año escribiendo sobre lo que leo, y escribiendo más en general. El año que entra espero seguir haciéndolo, y que me acompañéis.

P.D.: Ejemmm, como deduciréis de mi penosa presentación visual, de este año no pasa aprender a usar Photoshop y dejar de pelearme infructuosamente con el incomprensible maquetador de blogger.







viernes, 26 de diciembre de 2014

Para niños: El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, Werner Holzwarth, Wolf Erlbruch

Niños y temas escatológicos, una combinación ganadora. El "caca, culo, pedo, pis" es y seguirá siendo una fuente inagotable de risas para los peques, así que este libro les gustará, como le gusta a M.
Sin decirlo explícitamente, se nos da a entender que alguien  le ha cagado al pobre topo en la cabeza, y el protagonista, como en una buena novela negra, tendrá que averiguar quién ha sido.

Siguiendo la típica estructura de repetición de una fórmula de la literatura infantil, el topo irá preguntando a los diferentes animales si han sido ellos los que le han decorado la cabeza y veremos cómo son sus cacas y las diferencias de texturas, formas y colores entre ellas. Cuando parece que el enigma se quedará sin resolver unas moscas de la mierda darán la clave para saber quién le hizo aquello en la cabeza al topo.
Un libro muy divertido, en mi opinión perfecto para cuando los niños están en el proceso de dejar el pañal y quieren conocer todo lo imaginable sobre excrementos, y que seguirá gustándoles y haciéndoles (a ellos y a nosotros) reír a carcajadas mucho más tiempo.

Es un libro muy conocido que ya va por su undecima edición en la versión en castellano y que ha sido reinterpretado en multitud de libros.

El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch, editorial Alfaguara.






martes, 16 de diciembre de 2014

Cenital, Emilio Bueso

"El capitalismo se concibe a sí mismo, utilizando la frase de Fukuyama, como el fin de la Historia, pero lo que no tiene en cuenta es que esto lo han pensado casi todos los imperios que han existido hasta ahora, y que luego han caído; que ellos eran la expresión máxima de la civilización humana y que eran invencibles". (Juan Carlos Barba en un programa de Radioactividad).

De los libros que reseño hay algunos que funcionan como una excusa para hablar de la realidad, de lo que me preocupa, libros que trascienden la historia que cuentan o su valor literario. Cenital es uno de ellos.
Esta novela es un acercamiento ficticio a un colapso cilivizatorio. Una elucubración o anticipación de lo que podría ocurrir en nuestra sociedad de consumo cuando el petroleo se agote. El protagonista es Destral, un visionario y un miserable, alguien que ve venir el desastre antes de que se produzca y que decide sobrevivir. Para ello empieza a escribir un blog, Cenital, donde va contando lo que sabe acerca del peak oil (el cénit del petróleo) y mediante el cual va reclutando  a personas concienciadas con el problema para formar una ecoaldea que les permita sobrevivir en un mundo desolado y salvaje por la falta de insumos energéticos de alto rendimiento. 
En la novela se superponen varios planos y la trama avanza utilizando el recurso de los saltos en el tiempo, alternando el presente de la ecoaldea y su dura lucha contra los elementos y la barbarie, el blog de Destral y la historia personal de cada uno de los habitantes del pueblo antes y después del colapso. 
Cenital es una novela ágil, con descripciones y creación de atmósferas muy cinematográficas y logradas, con un punto de partida interesantísimo y con una visión matizada, muy alejada del buen salvaje, del arquetipo del superviviente.
Me ha gustado bastante y la he leído sin soltarla, lo cual no es poco decir, y a veces agradezco lecturas sencillas que fluyan y me transporten. También es cierto que a mí el tema que trata me toca especialmente, como ahora os comentaré. Otro punto a su favor es la contribución de Emilio Bueso al terreno de la ciencia ficción, la fantasía y el terror de la literatura en español, que es poco más que un erial. Dicho esto, también le he encontrado fallos en el plano literario: los diálogos entre los personajes son con frecuencia forzados y están retratados de forma algo estereotipada.
Y ahora después de hacer esta crítica quiero hablar de lo que subyace detrás de la obra. Muchos lectores la leerán simplemente como una novela de ciencia ficción anticipatoria en la que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pero yo creo que su valor también radica en dar a conocer, mediante la ficción, un problema que es real y del que ya estamos sufriendo las consecuencias (unos más levemente que otros) y que, según mi punto de vista, se va a ir agudizando en los próximos años y décadas. 
Llevo cuatro años leyendo e informándome sobre el problema del agotamiento de los combustibles fósiles, su relación con la crisis en la que estamos inmersos y a la que no se le ve fin y los posibles escenarios de futuro que nos esperan si como sociedad no aceptamos el problema y tratamos de buscar soluciones. La persona que me abrió los ojos a este enorme problema fue el científico Antonio Turiel, gracias a su blog de divulgación The Oil Crash. Si no lo conocéis podéis empezar leyendo esta entrada del 2010, que refleja bastante claramente cómo se han ido desarrollando los acontecimientos estos cuatro años y justifica el por qué no vamos a salir nunca de esta crisis. Si preferís un video en el que hace una panorámica del problema podéis verlo aquí.
Otra de mis fuentes habituales de información sobre la actualidad desde un punto de vista crítico, plural y sobre todo no vendido a los poderes económicos o políticos son los programas de radio de colectivo burbuja que me acompañan fielmente desde hace más de tres años (quién me iba a decir a mí que me iba a interesar por la economía; pero ahora que intento tener una visión más amplia de lo que estamos viviendo ya no puedo separarla de la política).
Podría ponerme a escribir sobre lo que estoy aprendiendo y lo que creo que hay que difundir, pero no quiero aturullarme ni dar mensajes confusos, por eso he puesto los enlaces para que os informéis vosotros mismos.
Solo decir que sin abordar la crisis ecológica es imposible explicar la crisis de sistema en la que nos hallamos, que como sociedad tenemos la obligación de pensar en el medio y el largo plazo y no solo en nuestro nivel de vida, que estoy convencida de que la problemática del modelo económico basado en los combustibles fósiles que estamos empezando a ver cómo se agota debe ser conocida y discutida por la sociedad en su conjunto y que un decrecimiento basado en la equidad y la redistribución de la riqueza sería para mí el camino a seguir. 
Como dice Antonio Turiel, el fin del capitalismo no es el fin del mundo. Este es un sistema económico, de creencias, como ha habido otros y no supone la culminación de nada.
Hablar sobre estos temas, hacerlos visibles no es ser pesimista, mucho más pesimista es empecinarse en que este sistema es el único posible y que todo debe seguir como hasta ahora a costa del planeta y de la mayoría de las personas que lo habitamos. 
Si no queremos que el escenario de Cenital se haga realidad más nos vale ir espabilando.






viernes, 12 de diciembre de 2014

Cuando un escritor te decepciona (2): Chuck Palahniuk


Este es el segundo escritor que me decepciona desde que empecé el blog. Si queréis leer la primera entrega pinchad aquí.

Chuck Palahniuk es un autor que no se anda con chiquitas. Trata a sus lectores como contrincantes en un ring de boxeo y les da derechazos en la mandíbula sin ningún cargo de conciencia. Le conocí con Asfixiay recuerdo una mezcla de risas desternillantes, vergüenza ajena y fascinación ante lo más irreverente y bestia que había leído hasta ese momento. 

Palahniuk, en sus buenas novelas, te coge y te sacude, te da bofetadas verbales y te pone, a la vez que a sus personajes, al límite de lo que consideras aceptable. Te dice, a voces: esta locura esperpéntica que te cuento no es ni más ni menos que el puto mundo en el que vives, ¿no te habías dado cuenta?, pues te lo voy a enseñar en forma viviseccionada. 

Las novelas de Chuck Palahniuk son brutalmente gores, mucho más que políticamente incorrectas, escatológicas y aceleradas, plagadas de personajes desmesurados que sin dejarte respirar te enfrentan al absurdo sinsentido de la vida occidental del americano medio, descomponiéndose a ritmo frenético, autorreferencial, feliz e ignorante. 
Entre sus creaciones vemos personajes que simulan atragantamientos mortales en restaurantes para cobrar una indemnización, transexuales operadas hasta el paroxismo vengándose sangrientamente de todo aquel que las ha puteado, mirones de sesiones de terapia para enfermos terminales o locos con personalidad múltiple que crean grupos antisistema a lo largo del globo sin ser conscientes de lo que hacen.

Nunca había leído algo tan hardcore y rocambolesco, pero a la vez con un fondo tan real. Chuck Palahniuk coge la realidad norteamericana, la somete a un análisis sociológico y la recrea llevándola al paroxismo sin escatimar en sangre, vísceras, insultos, mala leche y ojo crítico para ver de que pie cojean nuestras vidas en un mundo hiperconectado, postglobal y, sobre todo, muy enfermo.

Su prosa corta como un cuchillo y es afilada y rápida. Sus personajes se dirigen muchas veces al lector en segunda persona y no es raro tener sensaciones parecidas a las que se tiene con la forma de narrar del cine contemporáneo.

Después leí Diario. Una novelaque es una novela de terror psicológico que da mucho miedo. Vi en el cine El club de la lucha, película generacional que marcó el final de los años noventa, y más tarde me enteré de que estaba basada en una novela suya del mismo nombre, que también leí. Es una de las pocas veces en que la versión cinematográfica de un libro me ha parecido casi igual de buena que el libro en cuestión, y para mí demuestra que cuando escribe, Palahniuk piensa más en espectadores que en lectores. 

Más adelante leí Superviviente y Monstruos invisibles, y con ellas empecé a verle el truco, cómo el autor repetía esquemas, temas y roles, algo que les pasa a muchos escritores, pero que solo a algunos les hace agotarse en su propia fórmula mientras que a otros les ayuda a construir un universo literario inconfundible que normalmente les sobrevive. 

En estas novelas el factor sorpresa, fundamental en sus narraciones, ya no era tan sorpresivo. Dejé pasar unos años, en los que ya me sentía saturada de su estilo, y luego merendé Error humano que me volvió a enganchar ya que son reportajes, reflexiones y otro tipo de textos en los que nos acercamos a las obsesiones del autor pero en las que no se siente presionado a llevar la acción a ritmo de speed, característica que en sus últimos libros juega en su contra. 

Ahora he leído Fantasmas, y aparte de parecerme a ratos aburrida, con unos personajes planos y sin ningún tipo de profundidad psicológica, repetidora de la fórmula que le ha dado fama y que ya está más que agotada, me ha dado asco. Es una novela asquerosa, zafia y que se recrea macabramente en lo más horrible de la condición humana. Esto, que hace con gracia, estilo y crítica en sus primeras obras, en Fantasmas solo es un pastiche vacío. La premisa es la de un grupo de escritores encerrados en una mansión puteándose unos a otros hasta límites inhumanos buscando "la historia" que les hará famosos una vez vuelvan al mundo y se conviertan en personajes de la tele recreando su encierro. Como una suerte de Sherenzales, cada uno narra un episodio deshopilante de su vida, a la vez que van pasando cosas cada vez más horribles en el viejo caserón. Si eres una persona impresionable, no la leas. De todas las que conozco es su novela más repulsiva, brutal, directa y terrorífica (por efectista, no porque consiga crear una atmósfera que dé verdadero miedo). Podría ponerme a describir algunos de sus pasajes, pero os voy a ahorrar ese trago.

Bazofia seguro que es un término que a Palaniuk le gustaría. Deje usted de repetirse y abandone esa manía suya de documentar las novelas con manuales médicos de enfermedades indescriptibles e instrucciones de torniquetes y otras técnicas de supervivencia.

atentamente, una lectora.


lunes, 8 de diciembre de 2014

El boxeador polaco, Eduardo Halfon

Al escritor guatemalteco Eduardo Halfon le he conocido por casualidad, en realidad como a todos los escritores y escritoras, por esas casualidades que no son tales, sino hilos invisibles y personas y conversaciones llenas de nombres y libros que te llevan a otros libros. Menos mal que se dan esas confluencias porque Halfon es uno de esos escritores que no merecen pasar desapercibidos. 
Eduardo Halfon participa con su cuento "El bambú" en el número cinco de la revista literaria Alba (literatura latinoamericana leída y celebrada desde Berlín). Mi amiga Karina, que forma parte de la redacción de la revista, fue la que me contó que Halfon iba a venir a Berlín a hablar de sus libros y a hacer una lectura de "El bambú". Yo, a pesar de tener la revista en casa, no había leído el cuento en cuestión. El día del encuentro llovía, llegué a la librería tarde y haciendo ruido. La gente escuchaba al escritor con expresión solemne aunque él no parecía ni hablaba como una persona solemne, y en seguida me zambullí en su discurso, que fluía como una historia, sobre sus libros y cómo estos se encuentran situados  en un espacio incierto entre el cuento y la novela, sobre el narrador común a todos ellos que ejerce de hilo conductor y que no es más que él mismo (su personalización ficcional). También habló de su proceso creativo, de Guatemala y la vuelta a la tierra del intelectual desencantado, y de sus antepasados europeos judíos, sobre todo de su abuelo, que está presente de forma tangencial en los relatos de El boxeador polaco y que es protagonista de uno de ellos.
Oyéndole hablar estaba deseando poder coger uno de sus libros y leerlo en cuanto llegara a casa, pero no me podía permitir comprarlo así que me quedé con las ganas. A los pocos días lo vi llamándome desde una balda de la biblioteca, estratégicamente colocado en mi ángulo de visión (él también deseaba que lo tomase). Su lectura ha cumplido de sobra las expectativas que tenía puestas en él.
Es un libro sincero que ficcionaliza aspectos de la vida del escritor, que es narrador y personaje de cada uno de los cuentos, que también podrían ser capítulos de una gran novela fragmentada que sería toda la producción de ficción de Eduardo Halfon, como él mismo aclaró en la charla en la que le conocí. 
El boxeador polaco me gana desde el principio, relatando las contradicciones de un profesor de literatura. Las fricciones entre la literatura en el ámbito académico y la literatura que es tierra. La eterna dicotomía entre los libros y la vida. La vuelta a las raíces como forma de encontrarse con uno mismo; tema que trata con una sencillez y un estilo alejados del barroquismo de, por ejemplo, Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, otro libro que me marcó en el momento adecuado.
Me gusta esta novela atípica porque hay mucha reflexión, pero expresada de forma clara con lo que es fácil dejarse llevar por la sensación de que uno está en la cabeza del narrador. Hay mucha literatura y personajes interesantes con un punto misterioso, o así los ve el narrador, que tiene una forma particular de observar e interpretar la realidad con la que me siento identificada. 
"Y para qué la literatura. Para qué un curso más escuchando a un pendejo más hablar aún más pendejadas literarias, y cuán maravillosos son los libros, y cuán importantes son los libros, y entonces mejor quítense de mi camino porque me las puedo solo, sin libros y sin pendejos que todavía creen que la literatura es una cosa importante" (p. 12).
Estoy deseando leer otra rama del árbol que son los libros de Eduardo Halfon, y este es un autor que me gustaría tener en mi biblioteca, para poder releer, subrayar y dejarme inspirar por sus palabras. 






martes, 2 de diciembre de 2014

Nueve lunas, Gabriela Wiener

"Mirar a tu bebé recién nacido se parece a tomar éxtasis.Una mezcla de extrema suavidad, aprensión y ganas de bailar" (Nueve lunas p. 153).


¿Hacer una crónica de periodismo gonzo sobre el propio embarazo? Esta es la premisa de la que parte Nueve lunas
Pero es mucho más que eso; un texto híbrido que oscila entre varios géneros: la narración, el ensayo, el reportaje y la autobiografía íntima.
Gabriela es peruana, vive en Barcelona y se gana la vida a matacaballo, como periodista outsider, dedicada a escribir sobre sexo (propio y ajeno) y cuyas crónicas han sido recopiladas en el volumen Sexologías (2008). En un diciembre horrible plagado de malas noticias: el suicidio de su mejor amiga, una grave enfermedad de su padre y un doloroso posoperatorio de la extirpación de unas glándulas mamarias supernumerarias, se entera de que está embarazada.
Este libro es el relato de esas cuarenta semanas mes a mes. Pero olvidaos de libros de autoayuda o de informaciones "supuestamente" útiles para mujeres en estado de buena esperanza; de esos manuales, que casi todas las que hemos estado embarazadas hemos leído, en los que el embarazo aparece como algo que puedes observar y analizar sin implicación emocional, o esos otros que de tan cursis y ñoños te dan aún más nauseas de las que ya tienes. Aquí hay una chica asustada, encantada, mareada, sin curro, con dilemas intelectuales e inteligencia para abordar la propia gestación desde un punto de vista que se mueve entre lo sarcástico, lo cínico, lo tierno y sobre todo lo real.
Quizás es porque yo también he vivido un embarazo y tuve tiempo de enloquecer, de volver a mi ser, de cagarme de miedo, de ver mi cuerpo transformarse y de vivir una de las experiencias más increíbles de mi vida... y que es solo el comienzo de todo lo que viene después.
Nueve lunas es una crónica subjetiva de la experiencia de la autora y caben en ella muchos de los temas que me interesan: la precariedad laboral y vital que asola a mi generación, la posición del migrante, diferentes, y a veces encontradas, teorías antropológicas y feministas sobre la maternidad, anécdotas desternillantes de su embarazo y sobre todo el relato humano narrado con pulso periodístico sobre el increíble viaje que supone el gestar y parir una nueva vida.
"Pasé largas horas viendo telebasura, durmiendo y soñando que daba a luz a un mono". (p. 16).
Gabriela Wiener tiene la habilidad de desgranar su experiencia subjetiva alternando los sucesos cotidianos con la teoría: los libros que lee, sus intereses intelectuales, Barcelona (como un personaje más), su pareja, las consultas ginecológicas (abusos y absurdos de la sobremedicación del embarazo enfrentados a las teorías de "la vuelta a la Naturaleza" de la gestación, parto y crianza, a las que por otra parte también critica, construyendo un discurso rico y sincero que no cae en lo dogmático), y también aparecen por sus páginas Simone de Beavoir, Catherine Miller, Bataille, Silvia Platz, Casilda Rodrigañez y Adrianne Rich, entre otras.
Aquí estoy yo embarazadísima y, aunque no lo parezca, acojonada.
También me ha encantado, por sentirme muy identificada, el humor inteligente con el que escribe sobre los terrores de las embarazadas en la era de Internet y la sobreinformación, de las complicadas relaciones madre-hija y de los manuales de embarazo y sus a veces rocambolescas afirmaciones, al tiempo que recupera su propio pasado sin mojigatería.
"Por mi parte, ya estaba bastante harta de tener que ubicarme siempre en un lado de alguna estúpida controversia. En el mundo de la absoluta incertidumbre en que vivimos las mujeres fertilizadas cualquier cosa es tema de Estado. Somos tan manipulables que damos asco". (p.86).
También le da tiempo a meterse con los babyshowers, el consumismo voraz desarrollado para hacer que los futuros padres se gasten el máximo dinero posible en la llegada de su retoño y con la plaga del exhibicionismo virtual:
"Si el nacimiento de un niño es un ritual de consumo, Ikea es el templo sagrado al que toda futura madre proletaria debe acudir como una asidua devota". (p. 131)
"Madre e hijo cuerpo a cuerpo. El continuum. Eso era tendencia. También era tendencia, aunque quizá desde la otra orilla, llevar un blog del bebé. Un bebé sin blog es como un ser humano sin blog: un bicho raro. Internet también está saturado de diarios de vida de nonatos".
El libro termina con un precioso relato de su parto, y dice, cuando le ponen a su hija encima:
"Está completa. Solo tiene una marca en un ojo: está herida de guerra. Huele a algo muy limpio (...) Sus manos son larguísimas y translúcidas como las de un vampiro (...)".
Y me emocioné cuando describe sensaciones que yo puedo suscribir palabra por palabra:

"Mi teta negra es un manantial. Es el consuelo para todos los males, quita el hambre y el susto. Siempre lo supe".
A cualquier madre o padre (o a los que estén pensándoselo) y a todos los que os interese una mirada inteligente y divertida sobre la maternidad os recomiendo encarecidamente leer este libro.
Otros dos libros importantes para mí sobre este tema han sido:
y La maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman, del que hablé aquí.

 
P.D.: He recibido el comentario de varios lectores contándome que gracias a una de mis reseñas positivas, han decidido comprar el libro en cuestión. Como sabéis, en el menú de la página de inicio hay un apartado de "mis recomendaciones" con una lista de libros imprescindibles en mi periplo lector que podéis comprar a través de los enlaces de afiliados que incluyo. Ahora he decidido incluír estos enlaces de compra en las críticas de los libros que me han entusiasmado dentro del blog. Mi compromiso ético es que siempre he leído los libros y que solo pongo enlaces a aquellos que me encantaría que vosotros/as también leyeráis. Si queréis una explicación más detallada sobre este tema podéis leerla aquí.

Comprar este libro  

viernes, 28 de noviembre de 2014

Para niños: Pato está sucio, Satoshi Kitamura

Aunque me comprometí a publicar las entradas sobre libros infantiles los jueves, ya me ha pillado el toro y esta se ha retrasado a la noche del viernes.
El libro de hoy es de esos primeros libros que miramos con nuestros bebés cuando empiezan a mostrar algún interés en los libros y les encanta que imitemos los sonidos que hacen los animales para reírse con nuestro muestrario de ruidos y empezar a practicarlos a su manera.
Este libro me hace mucha gracia por la cara del pato: es un poema, yo diría (por lo escueto del texto y el autor japonés) que es un haiku. Una historia mínima en la que le acompañamos a través de diferentes penurias atmosféricas, que sufrirá entonando un "¡Oh, oh...!" estoico hasta poder darse un merecido baño. 
Hay que decir que M. nunca le hizo demasiado caso, pero yo me partía cada vez que se lo leía.
Del mismo autor, y seguro que también con esa gestualidad casual, son los libros: Ardilla tiene hambre, Gato tiene sueño o Perro tiene sed.
Como veis un compendio de filosofía zen para nuestros enanos. 
Edad recomendada: a partir de un año.

Si te ha gustado este libro puedes comprarlo mediante este enlace de afilidados









domingo, 23 de noviembre de 2014

Personajes de Berlín

Como sé que os ha gustado mucho la entrada sobre Berlín visto por mi madre, hoy publico la segunda entrega escrita por ella. Esperamos que os guste.

La palabra multi-kulti se ha convertido en un término que en gran medida define a Berlín. Significa multicultural y, en efecto, en Berlín puedes ver gente de todo tipo, una enorme mezcla de razas y culturas que aparentemente conviven sin grandes problemas en una ciudad en la que se respira tolerancia, libertad y en la que nadie parece extrañarse de nada.


La ciudad está llena de personajes que son como una fauna bizarra y muy curiosa a ojos del turista. Esta es una lista con algunos de sus especímenes: 

  • Viejos gruñones: Berlineses de toda la vida siempre dispuestos a echarte la charla por incumplir cualquiera de las reglas que ellos consideran sagradas. Yo, cuando me encuentro en una de estas situaciones, intento decir: “Entschuldigung, ich bin Spanisch” (perdone, soy española), para después salir pitando y huir de sus malhumoradas retahílas. También existe la variante  amable, normalmente femenina, que te suelta grandes parrafadas con una sonrisa picara y cariñosa, siempre me come la curiosidad por saber qué habrán querido decirme.
  •  Inspectores de transporte: Cada vez más numerosos, su  truco para pillar a los viajeros sin billete es ir vestidos de paisano, puede ser cualquiera: el macarra musculitos que tienes al lado, la pareja joven que se está dando el lote, una mujer madura de generosa anatomía… pero cuando el tren arranca se ponen en acción y son implacables; una vez que agarran una presa no la sueltan, no valen cuentos ni excusas, y tampoco te libra ser extranjero y poner cara de tonto.


  • Hausmeister (maestro de la casa): Hombre alemán grandón de mediana edad con mono de tirantes lleno de bolsillos de los que sobresalen herramientas de todo tipo; no es un portero al uso sino el verdadero jefe del edificio, que se encarga de que todo funcione. En España sería algo así como la persona de mantenimiento, pero su análogo alemán es mucho más que eso. Este retrato está basado en Thomas, maravilloso Hausmeister de unos estupendos apartamentos turísticos en la Hermannstrasse en los que me he alojado a menudo, y que además de ser eficaz es cariñoso y simpatiquísimo igual que su mujer, Jeannette. Y sí, aunque mucha gente os diga lo contrario, existen alemanes amables y cercanos, por lo menos esa es mi experiencia.

  • Turcos: Puedes ver la variante masculina en los mercados al aire libre pregonando a gritos sus mercancías y precios; el volumen y el sonsonete son los mismos que hasta hace poco se oían en los puestos de nuestro país, también puedes “sufrirlos” jóvenes y chulitos, conduciendo coches de marca a gran velocidad y con la música a todo volumen; otros, sobre todo los de más edad, dan la impresión de pasar la mayor parte del día sentados en cafés fumando en pipa y viendo pasar la vida. A las mujeres se las ve cada vez más tapadas y rodeadas de niños. Siempre me llaman la atención, en las consultas médicas, las mujeres ya mayores sin hablar una palabra de alemán, haciendo ganchillo para matar la espera con una habilidad y una rapidez increíbles, creo que la vida que llevan en Berlín es exactamente la misma que podrían llevar en Estambul: la casa, los hijos, el marido y arrastrar las sayas y los velos, mirando solo el suelo de las aceras. Esta rutina debe romperse a veces en las fiestas, bodas y bautizos, solo hay que ver los escaparates de las numerosas tiendas con trajes de ceremonia a cual más recargado y brillante; aunque también hay chicas jóvenes muy pintadas, alegres, modernas y simpáticas, como las dependientas de una cafetería en Hermannplatz, a las que solo conocíamos de desayunar cinco días y que al vernos con las maletas nos regalaron bollos para nuestro viaje de vuelta.
(Cuando leo el párrafo anterior me siento incomoda  y creo que soy muy atrevida opinando de gente a la que no conozco en absoluto, y que he caído en todos los tópicos habidos y por haber, espero en otro momento dar una visión más justa y cercana.) 
  • Naturistas, vegetarianos, veganos y otras hierbas: Berlín es el reino de “lo verde” y no me refiero a sus parques sino a lo que venimos llamando lo ecológico. Está lleno de tiendas Bio y estos productos también se venden habitualmente en supermercados. Mi hija vivió algunos meses en una WG (casa compartida) En Sonnenalle 70. Sus compañeros veganos todavía deben recordar con espanto la bolsa llena de restos de embutidos españoles que mi sobrina se dejó olvidada en la casa ese verano cuando fue a ver a Aida.

  • Artistas: Es curioso que siempre se habla del exilio juvenil, de la fuga de cerebros e ingenieros y sin embargo nunca se comenta que una gran parte de nuestros artistas viven, o mejor diríamos malviven, fuera de España. En algunos de mis viajes estuve acogida en la casa-estudio de dos artistas españoles a los que quiero mucho. La casa está construida al fondo de un patio, y para mí es un espacio muy especial, apacible y tranquilo, con muy pocos muebles pero llena de todo tipo de objetos y materiales, con olor a pintura, con las escaleras abarrotadas de cuadros cuyas formas y colores me animaban a empezar el día. Varias veces al año la convierten en una galería abierta a todo el que quiera disfrutar de su obra y de sus performances.


  •  Hipsters: Normalmente jóvenes modernos de clase media-alta, que aunque en teoría están en contra del consumo, sin embargo la impresión que me dan es que son esclavos de su aspecto: grandes gafas, barbas, camisetas rotas, pantalones estrechos, minifaldas, parkas, bicicletas caras, todo con un aspecto vintage y descuidado que no engaña a nadie porque la realidad es que van “hechos un pincel”, su llegada masiva anuncia que el barrio en cuestión se está gentrificando, es decir: quítate tú (alemán anciano, turco, artista pobre, etc.) que ya vengo yo porque me mola este barrio tan guay. Esto supone la subida del precio de los alquileres y la expulsión de los antiguos habitantes a zonas cada vez más lejanas y deterioradas. Este fenómeno ya se ha dado en barrios emblemáticos de Berlín como Prenzlauer Berg y Kreuzberg, ahora la tribu hipster está ya “colonizando” Neukölln. Egoístamente hay que reconocer que el barrio se limpia y adecenta, se rehabilitan muchos edificios, surgen nuevas tiendas de diseño,  cafés y restaurantes de moda, pero todo se encarece y al final el barrio acaba perdiendo parte de su antiguo encanto y convirtiéndose en un escaparate para turistas.

    (Isabel Sánchez)












jueves, 13 de noviembre de 2014

Para niños: La pequeña salvaje, Chris Wormell

Aunque en el título de la entrada nombro la edición española, M. y yo hemos leído este libro en alemán, donde se titula Das wilde Mädchen.

Esta niña vive con su perro, sin la compañía y la protección de otros humanos, en una cueva en las montañas, lejos de todo. No sabe atarse los cordones de los zapatos porque va descalza, pero las plantas de sus pies están curtidas y puede andar por rocas puntiagudas sin hacerse daño. La niña no va a la escuela; todavía faltan miles de años para que las inventen. Está sola y tiene que valerse por sí misma.
Con su inseparable amigo aprende a pescar con lanza y a cocinar los peces al calor de una hoguera, recolecta frutos y, si tiene mucha hambre, incluso come insectos. A veces la soledad la entristece y grita al viento esperando una respuesta que no llega... pero un día de invierno descubre en la nieve unas huellas que se dirigen a su cueva y entonces...
Me gustan los libros de niñas valientes y enfrentadas a los elementos, y siempre se agradece escapar de princesas y cuentos ñoños. Esta es una historia que podría ser real y las fantásticas ilustraciones de Chris Wormell hacen que nos adentremos con la niña en su vida salvaje. Los dibujos son tiernos, realistas e inspiradores. Investigando por la red he descubierto que Wormell es un reputado ilustrador británico con muchos proyectos. Os dejo el enlace a su portfolio.
Esta es la portada de la edición española.

 A partir de ahora las reseñas de la serie "Libros para niños" las voy a publicar periódicamente un jueves de cada dos (cada 15 días) en una especie de furor previsor que me ha entrado.









domingo, 9 de noviembre de 2014

Autobiografía, Agatha Christie

600 páginas de memorias, esto es lo que ocupa la autobiografía de Agatha Christie, que en el libro electrónico y con la letra algo aumentada han llegado a las 1.800. 
¿Por qué le doy tanta importancia al volumen y grosor del libro en cuestión? ¡Porque para mi gusto le sobran más de la mitad! Ha habido momentos de lectura en los que sentía que solo seguía para hacer músculo visual en el reto autoimpuesto de llegar hasta el final; bueno, pues no lo he conseguido. 
Me he quedado en la apacible madurez burguesa de la autora, plagada de viajes y escritura de novelas como si fueran churros y, por lo que da a entender, sin que le costase ningún esfuerzo.
Me decidí a leer este libro porque una de mis primeras lecturas autónomas (con unos 8 años) fue Diez negritos, y durante esa etapa lectora inicial devoré unas cuantas novelas de misterio de Agatha Christie e incluso me inspiró mi primer intento de novela, que escribí fusilando su estilo y que solo conseguí esbozar sin llegar a desarrollar los crímenes. Se llamaba Crimen en el balneario.

Creía que en esta autobiografía la dama del misterio iba a desarrollar mucho más en profundidad los entresijos de su proceso creativo y la gestación de sus novelas, pero esto es casi lo anecdótico. Agatha Christie ejerce de Funes el memorioso y desgrana con una meticulosidad asombrosa, y a prueba del lector más predispuesto, toda su infancia, adolescencia, juventud y madurez ahondando en toda suerte de detalles que llegado un cierto punto uno ya no puede soportar: sus muñecas preferidas (el porqué y el cómo), la relación con todas y cada una de sus niñeras, sus comidas preferidas y las que odiaba, las casas que habitó y la descripción de vajillas y muebles, y un largo etcetera de asuntos intrascendentes que hacen que lleguemos sin ganas a los aspectos interesantes de su vida, que también los cuenta. 
Al principio tiene su gracia y me parece entrañable, pero cuando veo que el relato vital parece avanzar a tiempo real, tal y como sucedió, me empiezo a desesperar. 
Hay aspectos salvables: la increíble memoria de Agatha Christie, sus viajes en solitario por todo Oriente Medio y a bordo del Orient Express, su forma desprejuiciada de enfrentarse a la escritura, su alegría vital y empoderamiento de género. 
Me quedo con la sensación de haber conocido (así de meticuloso es el relato) a una mujer que amaba la vida, que supo exprimirla y que además de otras muchas cosas se convirtió en la autora más famosa de novelas de misterio.  
Eso sí, estas memorias son MUY PESADAS. Así que no digáis que no os lo he advertido.







viernes, 7 de noviembre de 2014

10.000 páginas vistas

Esta foto no tiene nada que ver con el tema: una inquietante y hermosa aglomeración de medusas .


Esta entrada son, más que nada, unas palmaditas virtuales en mi propia espalda (da un poco de miedo esta costumbre que estoy adoptando de darme lo virtual por lo real, pero es lo que tiene escribir un blog).
Como podréis ver en los numeritos que están en las profundidades de la página; a donde solo se llega dejando mucho tiempo apretado el cursor o dándole como loca a la rueda del ratón, el blog ha llegado a las 10.000 visitas. Depende de con qué se compare es una cifra ridícula, después de once meses desde que lo abrí, pero para mí es una cifra grandona y significante: son muchísimas personas haciendo click una vez, o tres, o muchas más, son muchos lectores y lectoras y también casualidades, y personas que me han hecho llegar sus comentarios y a las que he conocido en este mundo líquido, gente que habrá huído despavorida ante el aburrimiento y otra a la que he arrancado una sonrisa. Son caricias y pescozones. Es un estadio del camino. 
¡MUCHAS GRACIAS! Esto es lo que os quería decir. Seguiré escribiendo y os tendré presentes cuando me ponga delante del teclado.
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Trabajo en proceso









jueves, 30 de octubre de 2014

Imágenes de Berlín

Ya os estaréis acostumbrando a que en el blog, además de libros, muchas veces hay asuntos: reflexiones, cuentos y cosas que se me ocurren. Hoy me acompaña una pluma invitada (y muy cercana) que os va a hablar sobre Berlín, la ciudad en la que vivo, pero de la que no hablo mucho por aquí. A ver qué os parecen sus imágenes de la ciudad.

Mi hija y mi nieta viven en Berlín, y yo voy dos o tres veces al año. Mi impresión de la ciudad no es la de la típica turista que está unos días en un hotel y va corriendo de un sitio a otro para ver los lugares más emblemáticos, pero tampoco puede decirse que la conozca a fondo, sobre todo porque mi alemán se limita a unas pocas frases y porque suelo moverme siempre por los mismos barrios (Neukölln y Kreuzberg), en general fuera de los circuitos turísticos habituales.

Así que lo que voy a contaros son las impresiones subjetivas que ha ido dejándome la ciudad y, como buena española, veréis que continuamente hago comparaciones con mi país.
Dicen que cada ciudad tiene un olor particular, la primera vez que llegué a Berlín el olor me recordó al de los veranos de mi infancia en Gijón: humedad, prados verdes, carbón… Me parecía que la ciudad estaba dentro de un bosque y que en los claros habían ido surgiendo los barrios. También huele a río y a veces casi a mar. El Spree, sus canales y sus puentes van recorriendo y marcando la ciudad y sus orillas, a veces verdes y otras fabriles, y son una parte importante del encanto de Berlín
Otro tópico que se me derrumbó fue el idioma: parece que el alemán tiene que ser duro, seco, estridente, y sin embargo al oído (por supuesto sin entender una palabra) suena suave, claro, musical, pronunciado en voz baja y con continuas formulas de cortesía y no a gritos como es habitual entre nosotros.
La luz de Berlín es melancólica y singular, y su climatología variable e impredecible. En un mismo día el cielo puede estar negro, luego llover a cantaros y de repente desaparecer las nubes y estallar el sol. Guardo una imagen impactante que se me ha quedado grabada: uno de esos días, después de una gran tormenta, vi una luz espectacular al final de una calle y de repente salí a un espacio verde que se extendía inmenso ante mí, con personas paseando a lo lejos, a las que la distancia hacía parecer pequeños muñecos; luego me enteré de que era el famoso aeropuerto de Tempelhof, que hacía poco que había sido cerrado y que ahora es un gigantesco espacio verde de ocio y disfrute para los berlineses: Cometas, bicis, barbacoas, huertos… Para mí  es un lugar especial lleno de recuerdos de  paseos con mi hija y mi nieta, que viven muy cerca. Allí oí a mi nieta diciendo sus primeras palabras en alemán, levantando un dedo y diciendo con su vocecilla: “Ein Eis, bitte”. (un helado, por favor).

Me gusta mucho la arquitectura y los espacios urbanos de la ciudad, y cada vez me parecen más llamativas las diferencias entre Madrid y Berlín. Parecen dos viejas damas que han vivido mucho:

Una de ellas, Madrid, era bonita, sencilla, algo provinciana pero con mucho encanto; en los años 80 le dicen que le ha tocado la lotería y como es muy alegre y con muchas ganas de vivir se lanza a hacer obras en la casa y a comprarlo todo nuevo, y a los pocos años se da cuenta de que el dinero de la lotería se ha esfumado, que los muebles eran muy brillantes y modernos pero de pésima calidad, y que los que tiró a la basura ahora son vintage, valen un riñón en las tiendas de antigüedades y para colmo ella se ha hecho un montón de operaciones de estética y ya nadie la reconoce.

Berlín sin embargo es una señora solida, austera pero orgullosa de su pasado imperial e industrial, y consciente también de su pasado oscuro, el nazismo, para no repetirlo nunca más. Una dama que quiere conservar la memoria y sus señas de identidad gastando lo menos posible.

La primera vez que me perdí paseando por Berlín muchas cosas me recordaron al Madrid de  los años cincuenta, pero a una escala mucho mayor: grandes calles, plazas y avenidas, parques que parecen bosques, inmensas  estaciones de metro, tranvías… y a  pesar del paso de los años y de la guerra, parece que todo se ha conservado tal y como estaba. Los barrios y los edificios parecen antiguos, y como esto es imposible después de los bombardeos, se supone que muchos los han reconstruido piedra a piedra y que se ha intentado mantener todo tal y como era: los picaportes de metal, las escaleras con ventanas de vidrio antiguo, las tarimas y las antiguas estufas de cerámica. Las calles siguen conservando los adoquines, y de noche la iluminación es escasa. Se han conservado estaciones de metro de los años 20 con su estética art deco: los mismos azulejos, las lámparas, etc., y cuando se restauran (una a una, con mucha calma y muy poca maquinaria y personal) se respetan escrupulosamente los materiales originales.

Aún me quedan muchas cosas que contar de Berlín; a estas alturas ya habréis adivinado que mi hija es Aida, la autora del blog, así que si me deja os amenazo con una segunda entrega  y con editar juntas una miniguía de Berlín.


  




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