sábado, 3 de diciembre de 2016

Las dos ancianas, Velma Wallis



A mí, que siempre he vivido en grandes ciudades, desde que recuerdo me ha atraído la vida en el campo, lo primario, el lidiar con los elementos de la naturaleza y también, en cierto sentido, formar parte de ella... Esa pulsión ha sido más o menos intensa según mi momento vital, pero nunca se ha llegado a consumar. 

Tengo 37 años y es posible que aún tenga la oportunidad, o la necesidad, de vivir más cerca de la naturaleza en el futuro. Sé que durante muchos años (como de los 20 a los 30) no me cansé de pregonar que acabaría viviendo en el campo, y como no di ningún paso en aquella dirección más que con las palabras, mi deseo (que en una parte de mí era y es completamente real) se volvió una caricatura de sí mismo y me convertí en una "hippie de pastel" que solo conocía el campo de excursión y en sus ensoñaciones románticas.

Eso sí, la imaginación es libre y le gusta llevarnos a otras realidades, muy lejanas a la nuestra, que a veces es tan gris como el hormigón del que estoy rodeada... los libros son una gran ayuda.

Las dos ancianas es un libro muy breve, un relato novelado basado en una leyenda local de Alaska. Una de esas historias que, en un lugar tan frío y con un invierno tan oscuro, se contaban a la luz de la lumbre para calentar los corazones de los que la escuchaban. 

Una madre le cuenta a su hija la historia de superación y dignidad de las dos ancianas. Era un relato oral, nunca se había puesto por escrito y tampoco había salido nunca de ese territorio lejano. Y la hija siente un impulso, escribir esa historia de su pueblo y así conectar con sus raíces y venerar a sus mayores y a la naturaleza con la que su pueblo estaba tan conectado. Todas esas huellas que se estaban perdiendo por falta de interés, por la colonización cultural que lo invade todo.

El cuento de Las dos ancianas  nos retrotrae a un tiempo antiguo, anterior a la llegada de la cultura occidental y del hombre blanco, y hoy, gracias a Velma Wallis (y a mi madre, que fue la que lo leyó antes de mí) puedo compartirlo con vosotros.

Al ser un libro muy corto, no quiero adelantaros mucho del argumento, pero a rasgos generales es la historia de supervivencia de dos ancianas abandonadas por su tribu a su suerte en la tundra de Alaska en invierno. Las primeras páginas relatan someramente la dura vida nómada del grupo y el motivo por el que abandonan a las ancianas, también se cuentan sus sentimientos de miedo, impotencia, rabia y desesperación al verse separadas obligatoriamente de su grupo. En un primer momento ambas piensas que van a morir, pero tienen personalidades diferentes y cada una consigue despertar en la otra la pulsión de vivir, de hacer todo lo posible por salir del desahucio vital al que parecen abocadas... Y lo consiguen. El meollo de la historia trata de las técnicas que utilizan para sobrevivir al duro invierno, a las siguientes estaciones y durante varios años... y el lector se va haciendo fuerte con ellas a medida que ganan confianza y se ven capaces de salir adelante. Al final del relato la vida les depara una úlitma sorpresa y la posibilidad de perdonar a sus seres queridos.

Es un libro con dos mensajes importantes: la resiliencia y capacidad de superación que tiene el ser humano cuando se encuentra en situaciones extremas y la dignidad de las ancianas al aprender a reconocerse como miembros válidos de la tribu, inteligentes y fuertes, características que su tribu les había negado por ser mujeres y ancianas.

Es un libro precioso y emocionante, sin moralinas vacías ni mensajes de autoayuda. Un auténtica joya.

*(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog).

Otros libros muy interesantes sobre supervivencia y vida campestre son, el clásico Walden  Vida de zarigüeyas.




viernes, 11 de noviembre de 2016

Tontos, Elisa Mariscal Vacas


Isabel, mi madre, vuelve a colaborar en el blog. Seguro que muchos ya la habéis leído en las dos entradas que ha escrito sobre Berlín, pero a los que no os dejo los enlaces de sus otras entradas y reseñas: Situaciones berlinesas, de Raul ZelikEl olvido que seremos, de Hector Abad y De puertas adentro, memorias de Amalia Avia
Hoy viene a hablar de un maravilloso libro infantil. Os dejo con ella.


Historia de un libro descatalogado

Quiero hablar de un libro que ya no podemos encontrar en las librerías, la editorial donde se editó por primera vez fue comprada por una gran multinacional y esta no volvió a publicarlo.

Su protagonista, mitad humana y mitad pata, se pasea triste por la primera parte del cuento: tímida, delicada, de ojos grandes y melancólicos, no consigue que nadie conteste a sus educados “holas”. Insegura, piensa que es culpa suya, que algo está haciendo mal… hasta que ya no puede más y grita ¡TONTOS! Pero cuando ya se da por vencida, se resigna a estar sola y recoge sus cosas para irse… De repente de un agujero surge una rana simpática y traviesa: ambos personajes juntos inventan juegos y bromas, cantan, saltan, ríen… ante la mirada asombrada de un tercero que los ve alejarse pensado que están locos y que son “tontos”.

Es un libro especial, original, muy distinto a los que están de moda: Los personajes no tienen nombre, están dibujados de forma sencilla y esquemática pero muy expresiva en perfecta sintonía con el texto. Las letras, grandes, son de diferentes tipos y tamaños según la situación y el estado de ánimo que reflejan. Me parece un acierto que los fondos de paisaje sean composiciones fotográficas, que se incluyan páginas vacías, en blanco, que dan idea de soledad y desamparo, y páginas llenas cuando la protagonista estalla y se rebela. Con muy pocos personajes y elementos: un sombrero, una cometa, un patinete, una mochila… logra contar un montón de cosas. El texto es breve pero muy preciso y eficaz, sin ñoñerías; me encanta el final con el juego de palabras acabadas en “ola”.

Es muy adecuado para niños que empiezan a leer. Muchas veces tengo la impresión de que los libros infantiles buscan deslumbrar a los adultos que los compran, más que gustar a los niños a los que van destinados. Mi nieta, y me consta que otros muchos niños y niñas, se quedan enganchados de este cuento, captan a la primera a los distintos personajes, reconocen las palabras y entienden todo lo que va pasando.

Creo que el secreto del cuento es que habla de forma sencilla de sentimientos y momentos por los que todos hemos pasado: la dificultad de hacer amigos y de integrarte en un grupo, el miedo al rechazo, el sentirte invisible, la tristeza, la indignación… Pero en la segunda parte aparece también la alegría de encontrar al fin a alguien con quien inventar todo tipo de juegos. Y el lector suspira aliviado cuando en la última viñeta ve alejarse a las dos rana y protagonista por el camino cantando, agarradas del hombro, sin preocuparse de la opinión de los demás, contentas y felices con una amistad que intuimos durará para siempre.

Es muy bonita la historia de su publicación: Elisa Mariscal, autora del texto y las ilustraciones, había trabajado en España para distintas editoriales; en una visita privada a México pidió una entrevista a Daniel Goldin, un referente a nivel mundial en el sector del libro infantil y juvenil; para su sorpresa, no solo le concedió la entrevista, sino que se ofreció a publicar el libro, pero de una forma activa: Elisa trabajó con Goldin en el proyecto lunes tras lunes hasta agotar su estancia en México. Y asegura que aprendió más en esas semanas que a lo largo de toda su trayectoria profesional.

El álbum se publicó. La SEP en México lo eligió entre los libros obligatorios para las bibliotecas escolares en su programa de fomento de la lectura, y en España fue seleccionado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Por desgracia, ya no podemos comprarlo fácilmente, ha desaparecido, víctima, como tantos otros libros, de las políticas editoriales: grupos multinacionales cuyo interés es vender mucho sin que importe demasiado la calidad, que hacen que los libros “pasen de moda” rápidamente convirtiéndolos en un producto más de consumo de usar y tirar.

Ojala alguna editorial lo rescate del olvido y otra generación de niñas y niños pueda disfrutar con ¡TONTOS!


Aún puede encontrarse alguna referencia en:










domingo, 16 de octubre de 2016

Para niños: Con la comida sí se juega, Sandra Mangas


Cuando me planteé escribir esta entrada, que llevaba en barbecho en la bandeja de borradores desde hacía unos meses, pensé en hacer un recopilatorio de libros de cocina para niños que me habían gustado, que aún conservo de cuando era pequeña o que he comprado para cocinar con M., pero creo que al final dedicaré una sola entrada a libros de cocina, tanto para adultos como para niños, que han estado presentes en mi vida a lo largo de los años y que creo que está bien dar a conocer, porque cocinar y comer bien es algo básico.
En este libro hay un glosario de términos de cocina que es posible que los niños no conozcan.
Lo primero que me gustaría recalcar es que pienso que debemos dejar a los niños/as ayudarnos en la cocina desde lo antes posible. Es una maravillosa actividad de vida cotidiana (siguiendo los principios de educación Montessori) en la que juegan, aprenden y nos ayudan, todo al mismo tiempo, y que es estupenda para practicar la motricidad fina. 
Pero lo más importante es que encontrar actividades cotidianas que poder compartir con nuestros hijos hace que la convivencia con ellos sea más fácil y placentera para todos. Porque nosotros vamos a tener que cocinar, limpiar la casa y hacer muchas otras tareas cotidianas cuando estamos con ellos, y así se sentirán incluidos en esas actividades y no nos sentiremos tan agobiados por sus demandas y por "tener que quitárnoslos de encima" para poder hacer las tareas del hogar.

Otra ventaja es que el que los niños ayuden a preparar su propia comida puede ser un aliciente para que prueben alimentos nuevos, que estén más abiertos a diferentes tipos de sabores, texturas y preparaciones y que coman un poco más variado (aunque casi todos sabemos que esto no es muy fácil, que lleva mucho tiempo y que hay que tener paciencia y no caer en chantajes con la comida, lo cual es totalmente contraproducente). 

Mi experiencia con M. es que, desde muy pequeña, le ha encantado ser mi "pinche" en la cocina porque sentía que era útil (lo cual es verdad) y además que contaba con mi permiso para manipular "cosas de mayores". 
Creo que, en general, se ha tenido mucho miedo de dejar a los niños manejar cuchillos y otras herramientas de cocina por considerarlas peligrosas para ellos. Pero (otra vez desde mi experiencia) escogiendo bien qué cuchillos les prestamos (no le vas a dar el más afilado y gigante que tengas) y acordando unas reglas básicas de seguridad: cómo sentarse, estar atento a lo que se está cortando, cómo colocar la mano y los alimentos... es una experiencia muy gratificante y divertida para adultos y niños, y una excusa estupenda para hacer cosas juntos.




Con tres años M. empezó a cortar judías verdes, lechuga y tomates, y ahora incluso se anima a veces con las zanahorias. También pela huevos, hace galletas y bizcochos, y ahora va a un curso de cocina en el colegio. 
Con mi madre también ha pasado muchos ratos en la cocina, y juntas han hecho polos, magdalenas, queso y otras cosas. Y las dos se han reído un montón y han disfrutado juntas de esta actividad de abuela-nieta sin tener que estar yo por ahí danzando.

Pero, bueno, centrándome en el libro del que quiero hablaros hoy. Con la comida sí se juega es un libro de cocina para niños, muy visual y atrayente en un primer vistazo, pero la verdad es que cuando me puse a mirarlo más detenidamente me pareció que las recetas estaban más pensadas para los padres o para lucir en fiestas infantiles y otros eventos que para que los niños se metieran en la cocina y se mancharan las manos.

Pero estaba equivocada. Este libro es de E., una amiga que tiene una hija de la misma edad que la mía, y ella me ha contado que a su hija le encantan las recetas que aparecen en él, y que ya ha puesto en práctica varias de ellas.
El libro está escrito en un tono desenfadado y está dirigido a los niños sin resultar impostado. Yo no he hecho ninguna de sus recetas, pero de lo que sí estoy segura es de que no quedarán tan bonitas como en las fotos de estudio que tanto atraen del libro. 

Me han hecho mucha gracia las galletas de queso en forma de dinosaurio. Lo que me recuerda que para poner en práctica varias de ellas hacen falta moldes especiales de siliconacon formas de animales.

* (Si te ha gustado este libro, y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchísimas gracias.) 





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