sábado, 2 de julio de 2016

Para niños:El topo Grabowski, Luis Murschetz

Grabowski es un topo simpatiquísimo que se ganó el corazón de mi hija hace un par de años.

Es cierto que en esta historia al pobre le pasan bastantes desgracias, pero al final del cuento volverá a recuperar la tranquilidad que tanto aprecia y necesita.
Tanto a M. como a mí no han gustado mucho las ilustraciones, bastante realistas y con colores muy adecuados para la historia medioambiental que se cuenta, y, sobre todo, la caracterización del topo con sus manazas para excavar.

También es muy interesante el punto de vista que adopta la historia. Aunque está narrado en tercera persona, el autor consigue que nos pongamos todo el tiempo en la piel del topo.
Grabowski vivía muy tranquilo en su pradera, excavando túneles y levantando toperas. Él era muy feliz así, alejado de la civilización y disfrutando del silencio. 


A veces aparecía el granjero y se enfadaba al ver su terreno lleno de toperas y las destrozaba, pero a Grabowksi no le importaba porque podía hacer más. 
Pero un día pasó algo mucho peor, un montón de hombres llegaron a la pradera y se pusieron a medir el terreno con máquinas e instrumentos extraños.
Los hombres rompieron la madriguera de Graboski, y el topo empezó a preocuparse ya que no entendía qué estaba pasando.

Cuando comienzan las obras el frágil equilibrio del mundo de Grabowski se desmorona

y el topo debe huir para no acabar aplastado por una excavadora o algo peor. 

Esta parte está muy bien narrada y, como adulto, uno siente el miedo y desamparo de Grabowki, aunque lo bueno es que el autor no usa un lenguaje agresivo o que pueda dar miedo a los niños. Ellos se quedan más con la sensación de aventura y sienten la tensión de qué pasará con Grabowski.
A pesar de reventaros el final, para que no os preocupéis os cuento que el bueno de Grabowski consigue huir de los humanos y encontrar una nueva pradera, tranquila y alejada, donde construir sus toperas.
El topo Grabowski es un cuento estupendo para hablar con los niños de ecología, de la convivencia con la naturaleza, y también, con un lenguaje adecuado a su edad, sobre lo destructivos que podemos ser los seres humanos en nuestro afán (o necesidad) de progreso, sin tener en cuenta que no estamos solos en el planeta. 

Podemos hablarles de las ciudades y el campo, los problemas que implican para los animales y plantas nuestra expansión, y empezar a concienciarles de lo necesario que es ir hacia una sociedad más respetuosa con el resto de seres vivos.  

*(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme, así, a mantener el blog. Muchas gracias).

martes, 28 de junio de 2016

De puertas adentro. Memorias, Amalia Avia

De nuevo traigo al blog una colaboración de mi madre que nos habla sobre el libro de memorias de la pintora Amalia Avia, y que reflexiona sobre las mujeres, el papel que la sociedad nos ha asignado y del que queremos liberarnos, y las tensiones que sufrimos entre vida pública y vida privada. Una entrada feminista y muy necesaria.


Al visitar el mes pasado la exposición «Realistas de Madrid», en el museo Thyssen, he recordado lo mucho que me gustaron las memorias de Amalia Avía, una de las pintoras integrantes de este grupo de artistas que empezó a desarrollar su trabajo en el Madrid de los años 50 y que ha sido incluida en la exposición.

Su pintura es muy personal: sus paisajes urbanos, sus interiores, sus fachadas y tiendas del Madrid antiguo tienen un gran poder de evocación y parece que nos quieren contar la vida y las historias que están detrás de ellas, con una luz más sombría y nostálgica que la del resto de sus compañeros del grupo.

Podéis ver la entrada sobre esta exposición en blog de Enredadas en el barrio.


Están escritas de una forma sencilla, sin pedantería. La primera parte transcurre durante  los años treinta y cuarenta entre Madrid  y  Santa Cruz de la Zarza, el  pueblo manchego del que es originaria su familia que, aunque pertenecía al bando de los vencedores, también sufrió la Guerra Civil y la posguerra: miedo, dolor, luto, hambre, miseria… Hay partes luminosas: la libertad de los niños creciendo en un pueblo, el campo, las fiestas, las tradiciones populares, las gentes (tan distintas a las de la gran ciudad); pero también otras tristes y sombrías: la represión que el nacionalcatolicismo ejerce sobre toda la población y de forma especial sobre niñas y mujeres: el poder de la iglesia, los rosarios, las novenas, las visitas al cementerio… 
Amalia Avía nos ofrece una pintura detallada de lo que era el mundo rural en la España de los años 40, donde las mujeres no tenían más salida que acatar el orden establecido y dedicarse a la casa y a “sus labores”.

Ya joven, vuelve definitivamente a Madrid y empieza su aprendizaje como pintora en el taller de Eduardo Peña, (en aquella época no estaba bien visto que una mujer estudiara en la Escuela de Bellas Artes), allí conoce a muchos de los artistas que luego formarán parte del llamado grupo de los Realistas y su vida cambia por completo. También conoce al que será su marido, el famoso pintor abstracto Lucio Muñoz. A diferencia de otras autobiografías, no habla de la relación con su marido por pudor y por respeto a la  intimidad de ambos.

A partir de entonces, vive una vida que a primera vista podría parecer completamente diferente a la de las mujeres de su época, mucho más libre y creativa, integrada en un grupo de artistas, escritores, intelectuales… muchos de ellos antifranquistas, que con grandes dificultades se iban abriendo paso en la España de la segunda mitad del siglo XX; pero en la autobiografía deja muy claro que el ser mujer, esposa y madre condiciona mucho su trabajo y su proyección como artista.

Tanto ella como su marido se respetaban y valoraban mutuamente como pintores, pero la sociedad y el mundo del arte no los trataba por igual, esto se refleja muchas veces en estas memorias y en entrevistas que le hicieron sobre todo al final de su vida. Ella misma decía: “un hombre puede ser abogado, ingeniero… una mujer también, pero a condición de no dejar de ser ama de casa. Hay otra anécdota significativa: la famosa galerista Juana Mordo los presentaba así a unos coleccionistas: “el famoso pintor Lucio Muñoz y su mujer, también pintora”.

De puertas adentro, el título de estas memorias, es muy simbólico y significativo, y parece referirse tanto a los temas de su pintura como a su vida como mujer y a su trayectoria como artista, con mucha menos proyección exterior que la de sus compañeros varones. En ellas se refleja cómo era la vida de una mujer en España desde los años 30 hasta principios del siglo XXI, a la vez que plantea cuestiones fundamentales que nos afectan como mujeres y que parecen no cambiar nunca:

1. Las pocas mujeres que triunfan en la pintura, en las artes plásticas y en el arte en general.

2. El papel de críticos, marchantes, galeristas e instituciones culturales, que hace que unos artistas triunfen y otros no.

3. Nuestro miedo a salir al “exterior”. Las dificultades que tenemos las mujeres  para conciliar el  “mundo de adentro”, lo privado: casa, familia, hijos… con  “el mundo de afuera”, lo público: estudios, profesión, gustos o actividades.

4. La pervivencia de modelos tradicionales y costumbres atávicas: el hombre cazador y proveedor y la mujer cuidadora del nido y de la prole, así como nuestros propios miedos e inseguridades cuando intentamos romper con estos roles.


En resumen, son unas memorias muy interesantes que nos ayudan a visibilizar a una gran pintora y una gran mujer.



sábado, 18 de junio de 2016

30.000 páginas vistas (el blog en cifras)


Mi blog viviendo su primavera particular.



A día de hoy Meriendo libros anda por las 37.000 visitas totales. Tengo que darme prisa en publicar esta entrada porque, si todo sigue como espero, en poco tiempo alcanzará las 40.000, y me gusta utilizar la excusa de los números para ir contando cómo va el blog, lo que más y menos os gusta leer, y cómo estoy viviendo yo el proceso; y todo ello sin retrasarme mucho, como, de hecho, ya me pasa.

Ya he comentado al escribir sobre las estadísticas del blog, que el número de visitas no significa, en términos reales, lecturas completas de cada uno de sus artículos, ya que muchas personas solo entran en la página principal a curiosear, y habrá otras que lo empiecen a leer, se aburran o se cansen, y se vayan. 
Esto se puede intuir curioseando las analíticas y viendo la media de minutos que cada persona pasa dentro del blog, algo que a mí normalmente me desanima porque son pocos. 

"Ayy, ¿cómo hacer que los lectores no puedan despegar los ojos de lo que escribo, que quieran leer una entrada detrás de otra y usar el blog de cojincillo en el que reposar". 

Y aquí me encuentro yo, haciendo lo posible por lograr esa fidelidad tan volátil del lector a saltos en el que todos, en mayor o menor medida, nos hemos convertido.
  • En junio de 2015 el blog alcanzó las 20.000 páginas vistas y las 30.000 han llegado a finales de abril, así que sigo yendo a un ritmo bajo, pero que ahora parece haber crecido.
  • Como habréis comprobado los que me seguís más asiduamente, ahora publico muchas más entradas bajo el epígrafe Libros para niños, porque son las que más os gustan y las que han hecho que el blog haya días que llegue a las 1.100 visitas.
  • He dejado bastante de lado las entradas sobre mi aprendizaje del alemán, pero también espero retomarlas. 
  • Esta explosión de visitas se debe a que comparto las entradas en grupos de literatura infantil de fb y linkedin, y en ellos estoy consiguiendo una pequeña comunidad de lectores. (Aprovecho para darles las gracias)
  • Sigo teniendo el mismo número de seguidores y aún ningún suscriptor, sniff, sniff, pero he de decir que tampoco he hecho nada para mover ese tema. Eso sí, tengo ideas que espero ir poniendo en práctica y que mejoren la situación.
  • Hablar de libros, como consecuencia de mi pasión por leer, es un gran placer, pero también os habréis dado cuenta de que el blog es, en cierto sentido, parte de mi trabajo, como plataforma para promocionar mis servicios profesionales de corrección, redacción, traducción, etc., y para abrirme puertas y oportunidades de conocer a personas y proyectos con los que poder colaborar. 
  • En ese sentido he pensado, y sigo pensando, cómo rentabilizar de alguna forma este trabajo. Por ello incluí la posibilidad de hacer donativos (que no ha tenido mucho éxito). Así que aprovecho para recordarte que en la columna de la derecha hay un enlace para los donativos, y que me harás muy feliz si me ayudas a seguir manteniendo activo el blog. 
  • Por el mismo motivo también he puesto enlaces de afiliados a los libros que recomiendo, por supuesto avisando antes de que la mejor opción es comprarlos en una librería pequeña o tomarlos prestados de la biblio, y garantizando, por encima de todo, la sinceridad de mis recomendaciones.
  • En algún momento de este año también abrí la página de facebook de Meriendo libros, que va bien, pero también muy poquito a poco (como lo demás). Si aún no la has visitado, puedes hacerlo aquí y darle un "me gusta" para ayudarme a difundirla y llegar a más personas interesadas.
  • Y, por supuesto, sigo esperándoos en el "mar del Norte" de mis comentarios.
Un abrazo,
Aida

domingo, 29 de mayo de 2016

Para niños: La cebra Camila, Marisa Núñez y Oscar Villar


Había visto este libro nombrado varias veces en el La biblioteca de los peques, un grupo de facebook que me está descubriendo muchos cuentos y autores de literatura infantil y que también me está ayudando mucho a difundir mis reseñas "para niños", así que aprovecho esta entrada para recomendároslo si aún lo lo conocéis. 
Ha coincidido que lo he visto en la biblioteca del Cervantes y me lo he traído a casa.
A Maia le ha gustado, pero como le pasa últimamente con otros libros de poco texto (este tiene un par de líneas por página), pronto se le queda un poco corto.
El cuento tiene un comienzo poético con nuestra protagonista, la cebra Camila, viviendo "allá donde se acaba el mundo, en el país donde da la vuelta el viento".
Camila quiere ser libre, sin tirantes ni ataduras, pero su madre (como muchas de nosotras) es fan de abrigar a su hija; ayyy, con lo que le gustaría a Camila rodar por el campo sin sentirse comprimida en su apretado mono de vestir.
Un día sale de casa sin ropa y pierde sus rayas, lo cual le pone tan triste que se echa a llorar.
A partir de aquí, el cuento se convierte en una de esas historias trenzadas y rimadas que tanto gustan a los niños. 
En cada página un animal diferente le devolverá una de sus rayas, aunque de una forma especial y mucho más original que la que tenía originalmente.
La serpiente le da un anillo, el caracol una rayita de plata de su baba, el arcoíris una banda de colores... 
Cuando Camila vuelve a casa ya casi no llora y tiene un precioso vestido variado y multicolor... y que no aprieta, hecho con las rayas que le han regalado sus amigos.

La cebra, aún así, está un poco triste porque piensa que su madre quizá se va a enfadar con ella por no llevar el mono que ella siempre le pone. Pero la mamá, en cambio, le dice que ya es grande para llevar cordones y tirantes, y le trenza una preciosa cinta para que adorne sus crines.

A pesar de que lo hemos leído pocas veces a Maia le ha hecho bastante gracia Camila y el soniquete de la historia. 
Me parece un libro muy adecuado para niños de 3-4 años, y con él se puede trabajar la diversidad, el valor de cada uno de nosotros independientemente de que no nos adaptemos a un estándar y el valor de la amistad.

*(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).





lunes, 16 de mayo de 2016

Para niños: Una cosa negra, Emilio Urberuaga




Hace poco os hablé de Emilio Urberuaga, sobre todo en su faceta como ilustrador. En el libro que os voy a enseñar hoy firma tanto los dibujos como el texto.

El protagonista de la historia es Bruno, "una cosa negra que se aburría como una ostra gris". Bruno busca un amigo ya que se siente muy solo. Se va encontrando a diferentes animales: dromedarios, ovejas, gaviotas, narvales, cocodrilos o jirafas, y se mimetiza con ellos para que le dejen jugar, pero todos le ven diferente y no le hacen caso.





Al final del cuento, en un toque humorístico que ha sido muy celebrado por M., Bruno se encuentra con diez cacas, pero no se transforma en una de ellas porque le da bastante asco. 


Por la noche, ya cansado... de pronto se encuentra una cosa blanca, le pregunta si quiere jugar al escondite y la cosa blanca acepta encantada. ¡Por fin Bruno ha encontrado una amiga!



Es un cuento interesante, con un lenguaje sencillo y ocurrente, en el que se trabajan los números del uno al diez y también se puede tematizar con los niños la importancia de la amistad, la discriminación y reforzar la idea de inclusión mediante el juego con otros aunque sean diferentes a ti.



Es ideal a partir de los dos años y medio, cuando ya puedan meterse en la historia, entender los conceptos y empezar practicar los números.

*(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).





martes, 3 de mayo de 2016

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince


Hoy mi madre se pasea otra vez por aquí y comparte con vosotros la reseña/crítica de una novela que le ha entusiasmado, El olvido que seremos, de Héctor Abad. A este escritor colombiano lo conocimos a través de mi amiga K. que ha traducido al alemán algunos de sus poemas. Os dejo con ella. 

Hacía mucho que no me gustaba tanto una novela, aunque más que novela en el sentido estricto, este libro es un recuerdo emocionado de la vida familiar del escritor y un homenaje a su padre, Héctor Abad López, asesinado por los paramilitares colombianos en 1987. Él era un médico especializado en Salud Pública, un luchador incansable contra la miseria y la injusticia y un  defensor infatigable de los Derechos Humanos, y por lo tanto persona incomoda y peligrosa para el poder.

Hay muchos libros que son un ajuste de cuentas con un padre déspota, autoritario, distante e incluso maltratador de la madre y de los hijos; este es el caso contrario: pocas veces he visto una admiración y un cariño tan incondicional y sin fisuras de un hijo hacia su padre. Se puede decir que el autor era un niño “empadrado”, palabra que en castellano solo suele usarse en su forma femenina (enmadrado).

En el libro se recorren 50 años de la vida de esta familia colombiana culta y de clase social alta. La madre del escritor, en concreto, pertenece a las élites dirigentes y católicas del país, personas que nunca llegan a aceptar que se case con un doctor y profesor universitario izquierdista y librepensador.
La primera parte, donde rememora su infancia y adolescencia, es alegre, luminosa, y nos muestra a una familia feliz con unos padres cómplices y enamorados y unos hijos a los que siempre se llama “niñas” porque solo uno es varón. Se describen los personajes y los ambientes de tal forma que parece que los estás viendo, oliendo, tocando… Las sensaciones que transmite son de cariño, ternura, risas, con libros y música clásica de fondo, que el padre usa como remedio de males y tristezas, cada vez más frecuentes en su vida de activista social.

Es una familia en la que de forma natural se cambian los papeles tradicionales: El padre, de ideas progresistas, carece de sentido práctico y da dinero a todo el que se lo pide. La madre, a pesar de ser muy religiosa y de ideas conservadoras, monta de la nada una próspera empresa para mantener económicamente a su familia y también para que su marido pueda seguir con su labor cívica y humanitaria sin tener que someterse al poder. Es el padre el que más está en casa, en contacto con los hijos y no tiene nada que ver con otros padres de la época: es cercano, cariñoso, llena a sus hijos de besos, mimos y abrazos, pero también les enseña la sociedad en la que viven, incluida la pobreza y la miseria de barrios y hospitales.

En la segunda parte del libro 

el autor, con gran valentía, nos enseña el infierno; durante decenios, la violencia forma parte de la vida cotidiana de Colombia y aquí nos describe, sobre todo, la terrible presencia de los paramilitares, que amenazan, torturan y asesinan a sectores cada vez más amplios de la población.

El autor cambia completamente el tono del relato, han tenido que pasar 20 años para que pueda hablar del tremendo dolor de la muerte del padre y ya no es solo él el que habla sino que da voz a su madre, a sus hermanas, a los amigos y compañeros del padre, muchos de ellos en el exilio.


Esta novela es un ejemplo de cómo desde la memoria se pueden superar la perdida y las heridas que deja la violencia, y es también un homenaje al padre con los ecos del poema de Borges (“ya somos el olvido que seremos”) que da título al libro y también de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique.

                                            Isabel Sánchez Suárez




miércoles, 27 de abril de 2016

Para niños: Frederick, Leo Lionni



Frederick es un clásico de la literatura infantil, un libro enormemente recomendable del que vengo a hablaros hoy.
Lo primero que me gusta de este libro es su particular "elogio de la pereza" y su reivindicación de los "trabajos del alma o no productivos".

-¿Y tú por qué no trabajas, Frederick -le preguntaban los demás.
-Yo trabajo -les respondía Frederick- recojo rayos de sol para los días fríos del invierno.






En este cuento todos los ratones del grupo se afanan en prepararse para el invierno: recogiendo provisiones, recolectando comida, preparando la madriguera para que resista al viento y a la nieve... todos menos Frederick, que parece que está sentado sin hacer nada, solo y pensativo subido en una roca. 

Los demás ratones están un poco molestos con él porque piensan que es un vago. Cuando le preguntan por qué no les ayuda, Frederick les explica cuál es su trabajo: pensar en palabras para poder contarles cuentos, visualizar todos los colores del campo para poder describírselos en los meses de oscuridad...


Y, efectivamente, cuando en lo más frío del crudo invierno se les van acabando las provisiones y están decaídos y tristes, Frederick se pone a contarles las historias y cuentos, a describirles los colores y las sensaciones que recolecto en su cabeza, y los ratones sueñan a través de sus palabras y se sienten reconfortados y calientes por dentro. ¡Eres un poeta!, le dicen, y Frederick se ruboriza y asiente.

¡Qué bonita metáfora del papel de la poesía y el arte en la vida! 

No se comen, no producen objetos materiales, pero son tan imprescindibles como estos.

Aunque a mí no se me había ocurrido, he leído en algún blog que este cuento es como la fábula de La cigarra y la hormiga, pero con el mensaje invertido, y es totalmente cierto.

Si podéis, fijaos en las ilustraciones del cuento, ya que Leo Lionni tiene un estilo muy peculiar usando técnicas variadas: acuarela, collages de papeles y cartulinas... y todo con un trazo fino, minimalista y muy tierno sin necesidad de muchos detalles. 

Del autor, Leo Lionni, también conozco Nadarín, que también es deliciosa y con unas ilustraciones que me han gustado aún más que las de este álbum ilustrado.

El libro está editado por Kalandraka, a la que hay que agradecerle la difusión de tantas obras infantiles imprescindibles.

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