domingo, 25 de septiembre de 2016

Teo, Violeta Denou

Seguro que si habéis sido niños en los años setenta u ochenta del siglo XX en España conoceréis los libros de Teo. 
Teo es un niño pelirrojo de rizos esponjosos, mono naranja, jersey a rayas y edad indeterminada creado por Violeta Denou. 

Con él visitamos una granja, el zoo, montamos en tren, en avión y en barco, conocimos distintos tipos de deporte, dormimos en casa de una amiga, jugamos en casa y en la calle, fuimos al mercado y nos disfrazamos, entre otras muchas aventuras.

Esta serie de cuentos tuvo muchísimo éxito en su época y cuenta con más de treinta títulos. Son libros con una vocación didáctica que buscan mostrar a los niños situaciones cotidianas y especiales que seguramente vayan a vivir o habrán vivido, a través del personaje de Teo, sus familiares y amigos. 
Esta visión educativa se corrobora en las últimas dos páginas que son una guía didáctica de cada una de las historias para dar ideas a padres y profesores de cómo explicar las diversas situaciones que se presentan en ellos.

Ahora, que tanto me interesan los temas educativos, es posible que clasificara los libros de Teo como un material perfectamente válido para trabajar dentro de la filosofía Montessory, ya que presentan situaciones reales en las que niñas y niños se pueden ver reflejados y son una forma estupenda de trabajar estos temas cotidianos con ellos.
Los textos de estos cuentos son muy sencillos, cortos y descriptivos, y lo que más llama la atención son sus coloridas ilustraciones. 
Aunque es cierto que tienen un estilo que quizá para algunas personas, a día de hoy, puede resultar un poco "viejuno", pero que a mí me inspira mucha ternura y me recuerda a mi niñez.
Y... aunque me dé vergüenza lo voy a contar. Uno de mis primeros recuerdos es en mi guardería Petirrojo, un día que me cagué en un libro de Teo. Lo recuerdo perfectamente... la plasta encima de sus páginas, el sol de las cuatro de la tarde entrando por la ventana... en fin, aunque no lo parezca es un recuerdo muy poético para mí; ya veis que no me ando con remilgos con vosotros.

A M. también le han gustado mucho, y se ha pasado muchos ratos abstraída mirando sus ilustraciones, eso sí de un mundo que en cierto sentido ya no existe.

Teo en La granja, Teo va a casa de una amiga.






lunes, 29 de agosto de 2016

En busca de la Edad de Oro, Javier Sierra

Soy consciente de que esta entrada, y mi opinión sobre la tesis del libro del que voy a hablar, puede generar sorna y risas en muchos de los que me leéis, pero aún así he querido hablar de él y compartirlo porque el interés por estos temas también forma parte de mí. 

El nombre de su autor, Javier Sierra, se asocia casi siempre a Iker Jiménez y sus programas de misterio y fantasmas en radio y televisión; y sus temas son ampliamente considerados como estupideces o cosas peores. No es mi caso, bueno, con matices. 
Iker Jiménez me parece un gran comunicador, una persona con una habilidad especial para contar historias, crear un clímax en la audiencia y despertar la imaginación del oyente, aunque también es cierto que casi no le he visto en la tele, y que su cara y gestos pueden romper en pedazos el carisma de su voz. 
Por eso me quedo con sus programas de radio, que me han acompañado en interminables horas de limpiar bares y mierda ajena, y que me han trasladado a lugares y acontecimientos lejanos y extraños.
Hace muchos años empecé escuchando Espacio en blanco, de Miguel Blanco, en la cama, con los ojos entrecerrados por el sueño debido a las altas horas de la noche a la que se emitía. Pero en los últimos tiempos los temas e invitados del programa me parecían cada vez más insípidos y políticamente correctos y, por aburrimiento, dejé de seguirlo. Entonces, aunque al principio tenía algunas reticencias, empecé a escuchar Milenio 3, pero como lo oía en diferido, a través del podcast, solo me descargaba los programas que me interesaban, aquellos sobre vestigios extraterrestres, civilizaciones perdidas, transhumanismo y conspiraciones variadas. Los programas sobre fantasmas, psicofonías, casas encantadas y médiums no me atraen, además de que me dan miedo. 

Lo que quiero hacer notar es que los temas que me interesan están en la línea de la ciencia ficción, a la que tan aficionada soy, y me los tomo con una mezcla de credulidad e incredulidad en suficiente equilibrio como para emocionarme, hacerme soñar y fantasear con mitos, posibles realidades y explicaciones alternativas a la plana realidad del día a día. 
Me gusta imaginarme el universo, su grandeza, meteoritos desprendiéndose de sus constelaciones y fecundando nuestro planeta con su panesperma extraterrestre. Fantaseo con civilizaciones ancestrales, de las que solo quedan vestigios, y cuyas huellas puedo rastrear... En estas fantasías supongo que influye la fascinación que despertaba en mí El doctor Jones ("Indi"), y un Harrison Ford joven y potentorro, cuando todavía era una cría.

Y entonces me encuentro con La edad de oro, y mientras lo leo, igual que me pasó con El retorno de los brujos y otros libros medio esotéricos que he merendado a lo largo de vida, me zambullo en lo que cuenta Javier Sierra, en la investigación que le ha llevado a recorrer todo el globo durante décadas en busca de esas huellas ocultas, en sus encuentros con personajes estrambóticos, tiernos y bastante bizarros que salpican sus páginas.
Y descubro la relación entre las pirámides de Egipto, las pirámides Mayas, las catedrales góticas de Francia y el pueblo Dogón. Salen a la luz las analogías (quizá solo poéticas) que conectan los mitos de las culturas sumeria y peruana. Las ruinas de la Atlántida, mapas imposibles y pinturas renacentistas con objetos llegados del futuro escondidos en sus lienzos.
Todo acaba apuntando a  la estrella Sirio
Es reconfortarte pensar en un plan que une aquello que parece no tener relación entre sí, subirse al carro de la arqueología maldita, la silenciada por el establisment. 
Y me cae bien Javier Sierra, un escritor verosímil, con una sana vena periodística y cuestionadora en sus investigaciones, en las antipodas del iluminado místico que solo acepta su verdad.
Si la realidad se os hace dura, lo cual no es raro en vista de lo que hay por ahí fuera, por qué no escaparse un rato de ella y explorar una explicación mítica de los orígenes de la civilización.

(*Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).







sábado, 2 de julio de 2016

Para niños:El topo Grabowski, Luis Murschetz

Grabowski es un topo simpatiquísimo que se ganó el corazón de mi hija hace un par de años.

Es cierto que en esta historia al pobre le pasan bastantes desgracias, pero al final del cuento volverá a recuperar la tranquilidad que tanto aprecia y necesita.
Tanto a M. como a mí no han gustado mucho las ilustraciones, bastante realistas y con colores muy adecuados para la historia medioambiental que se cuenta, y, sobre todo, la caracterización del topo con sus manazas para excavar.

También es muy interesante el punto de vista que adopta la historia. Aunque está narrado en tercera persona, el autor consigue que nos pongamos todo el tiempo en la piel del topo.
Grabowski vivía muy tranquilo en su pradera, excavando túneles y levantando toperas. Él era muy feliz así, alejado de la civilización y disfrutando del silencio. 


A veces aparecía el granjero y se enfadaba al ver su terreno lleno de toperas y las destrozaba, pero a Grabowksi no le importaba porque podía hacer más. 
Pero un día pasó algo mucho peor, un montón de hombres llegaron a la pradera y se pusieron a medir el terreno con máquinas e instrumentos extraños.
Los hombres rompieron la madriguera de Graboski, y el topo empezó a preocuparse ya que no entendía qué estaba pasando.

Cuando comienzan las obras el frágil equilibrio del mundo de Grabowski se desmorona

y el topo debe huir para no acabar aplastado por una excavadora o algo peor. 

Esta parte está muy bien narrada y, como adulto, uno siente el miedo y desamparo de Grabowki, aunque lo bueno es que el autor no usa un lenguaje agresivo o que pueda dar miedo a los niños. Ellos se quedan más con la sensación de aventura y sienten la tensión de qué pasará con Grabowski.
A pesar de reventaros el final, para que no os preocupéis os cuento que el bueno de Grabowski consigue huir de los humanos y encontrar una nueva pradera, tranquila y alejada, donde construir sus toperas.
El topo Grabowski es un cuento estupendo para hablar con los niños de ecología, de la convivencia con la naturaleza, y también, con un lenguaje adecuado a su edad, sobre lo destructivos que podemos ser los seres humanos en nuestro afán (o necesidad) de progreso, sin tener en cuenta que no estamos solos en el planeta. 

Podemos hablarles de las ciudades y el campo, los problemas que implican para los animales y plantas nuestra expansión, y empezar a concienciarles de lo necesario que es ir hacia una sociedad más respetuosa con el resto de seres vivos.  

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martes, 28 de junio de 2016

De puertas adentro. Memorias, Amalia Avia

De nuevo traigo al blog una colaboración de mi madre que nos habla sobre el libro de memorias de la pintora Amalia Avia, y que reflexiona sobre las mujeres, el papel que la sociedad nos ha asignado y del que queremos liberarnos, y las tensiones que sufrimos entre vida pública y vida privada. Una entrada feminista y muy necesaria.


Al visitar el mes pasado la exposición «Realistas de Madrid», en el museo Thyssen, he recordado lo mucho que me gustaron las memorias de Amalia Avía, una de las pintoras integrantes de este grupo de artistas que empezó a desarrollar su trabajo en el Madrid de los años 50 y que ha sido incluida en la exposición.

Su pintura es muy personal: sus paisajes urbanos, sus interiores, sus fachadas y tiendas del Madrid antiguo tienen un gran poder de evocación y parece que nos quieren contar la vida y las historias que están detrás de ellas, con una luz más sombría y nostálgica que la del resto de sus compañeros del grupo.

Podéis ver la entrada sobre esta exposición en blog de Enredadas en el barrio.


Están escritas de una forma sencilla, sin pedantería. La primera parte transcurre durante  los años treinta y cuarenta entre Madrid  y  Santa Cruz de la Zarza, el  pueblo manchego del que es originaria su familia que, aunque pertenecía al bando de los vencedores, también sufrió la Guerra Civil y la posguerra: miedo, dolor, luto, hambre, miseria… Hay partes luminosas: la libertad de los niños creciendo en un pueblo, el campo, las fiestas, las tradiciones populares, las gentes (tan distintas a las de la gran ciudad); pero también otras tristes y sombrías: la represión que el nacionalcatolicismo ejerce sobre toda la población y de forma especial sobre niñas y mujeres: el poder de la iglesia, los rosarios, las novenas, las visitas al cementerio… 
Amalia Avía nos ofrece una pintura detallada de lo que era el mundo rural en la España de los años 40, donde las mujeres no tenían más salida que acatar el orden establecido y dedicarse a la casa y a “sus labores”.

Ya joven, vuelve definitivamente a Madrid y empieza su aprendizaje como pintora en el taller de Eduardo Peña, (en aquella época no estaba bien visto que una mujer estudiara en la Escuela de Bellas Artes), allí conoce a muchos de los artistas que luego formarán parte del llamado grupo de los Realistas y su vida cambia por completo. También conoce al que será su marido, el famoso pintor abstracto Lucio Muñoz. A diferencia de otras autobiografías, no habla de la relación con su marido por pudor y por respeto a la  intimidad de ambos.

A partir de entonces, vive una vida que a primera vista podría parecer completamente diferente a la de las mujeres de su época, mucho más libre y creativa, integrada en un grupo de artistas, escritores, intelectuales… muchos de ellos antifranquistas, que con grandes dificultades se iban abriendo paso en la España de la segunda mitad del siglo XX; pero en la autobiografía deja muy claro que el ser mujer, esposa y madre condiciona mucho su trabajo y su proyección como artista.

Tanto ella como su marido se respetaban y valoraban mutuamente como pintores, pero la sociedad y el mundo del arte no los trataba por igual, esto se refleja muchas veces en estas memorias y en entrevistas que le hicieron sobre todo al final de su vida. Ella misma decía: “un hombre puede ser abogado, ingeniero… una mujer también, pero a condición de no dejar de ser ama de casa. Hay otra anécdota significativa: la famosa galerista Juana Mordo los presentaba así a unos coleccionistas: “el famoso pintor Lucio Muñoz y su mujer, también pintora”.

De puertas adentro, el título de estas memorias, es muy simbólico y significativo, y parece referirse tanto a los temas de su pintura como a su vida como mujer y a su trayectoria como artista, con mucha menos proyección exterior que la de sus compañeros varones. En ellas se refleja cómo era la vida de una mujer en España desde los años 30 hasta principios del siglo XXI, a la vez que plantea cuestiones fundamentales que nos afectan como mujeres y que parecen no cambiar nunca:

1. Las pocas mujeres que triunfan en la pintura, en las artes plásticas y en el arte en general.

2. El papel de críticos, marchantes, galeristas e instituciones culturales, que hace que unos artistas triunfen y otros no.

3. Nuestro miedo a salir al “exterior”. Las dificultades que tenemos las mujeres  para conciliar el  “mundo de adentro”, lo privado: casa, familia, hijos… con  “el mundo de afuera”, lo público: estudios, profesión, gustos o actividades.

4. La pervivencia de modelos tradicionales y costumbres atávicas: el hombre cazador y proveedor y la mujer cuidadora del nido y de la prole, así como nuestros propios miedos e inseguridades cuando intentamos romper con estos roles.


En resumen, son unas memorias muy interesantes que nos ayudan a visibilizar a una gran pintora y una gran mujer.



sábado, 18 de junio de 2016

30.000 páginas vistas (el blog en cifras)


Mi blog viviendo su primavera particular.



A día de hoy Meriendo libros anda por las 37.000 visitas totales. Tengo que darme prisa en publicar esta entrada porque, si todo sigue como espero, en poco tiempo alcanzará las 40.000, y me gusta utilizar la excusa de los números para ir contando cómo va el blog, lo que más y menos os gusta leer, y cómo estoy viviendo yo el proceso; y todo ello sin retrasarme mucho, como, de hecho, ya me pasa.

Ya he comentado al escribir sobre las estadísticas del blog, que el número de visitas no significa, en términos reales, lecturas completas de cada uno de sus artículos, ya que muchas personas solo entran en la página principal a curiosear, y habrá otras que lo empiecen a leer, se aburran o se cansen, y se vayan. 
Esto se puede intuir curioseando las analíticas y viendo la media de minutos que cada persona pasa dentro del blog, algo que a mí normalmente me desanima porque son pocos. 

"Ayy, ¿cómo hacer que los lectores no puedan despegar los ojos de lo que escribo, que quieran leer una entrada detrás de otra y usar el blog de cojincillo en el que reposar". 

Y aquí me encuentro yo, haciendo lo posible por lograr esa fidelidad tan volátil del lector a saltos en el que todos, en mayor o menor medida, nos hemos convertido.
  • En junio de 2015 el blog alcanzó las 20.000 páginas vistas y las 30.000 han llegado a finales de abril, así que sigo yendo a un ritmo bajo, pero que ahora parece haber crecido.
  • Como habréis comprobado los que me seguís más asiduamente, ahora publico muchas más entradas bajo el epígrafe Libros para niños, porque son las que más os gustan y las que han hecho que el blog haya días que llegue a las 1.100 visitas.
  • He dejado bastante de lado las entradas sobre mi aprendizaje del alemán, pero también espero retomarlas. 
  • Esta explosión de visitas se debe a que comparto las entradas en grupos de literatura infantil de fb y linkedin, y en ellos estoy consiguiendo una pequeña comunidad de lectores. (Aprovecho para darles las gracias)
  • Sigo teniendo el mismo número de seguidores y aún ningún suscriptor, sniff, sniff, pero he de decir que tampoco he hecho nada para mover ese tema. Eso sí, tengo ideas que espero ir poniendo en práctica y que mejoren la situación.
  • Hablar de libros, como consecuencia de mi pasión por leer, es un gran placer, pero también os habréis dado cuenta de que el blog es, en cierto sentido, parte de mi trabajo, como plataforma para promocionar mis servicios profesionales de corrección, redacción, traducción, etc., y para abrirme puertas y oportunidades de conocer a personas y proyectos con los que poder colaborar. 
  • En ese sentido he pensado, y sigo pensando, cómo rentabilizar de alguna forma este trabajo. Por ello incluí la posibilidad de hacer donativos (que no ha tenido mucho éxito). Así que aprovecho para recordarte que en la columna de la derecha hay un enlace para los donativos, y que me harás muy feliz si me ayudas a seguir manteniendo activo el blog. 
  • Por el mismo motivo también he puesto enlaces de afiliados a los libros que recomiendo, por supuesto avisando antes de que la mejor opción es comprarlos en una librería pequeña o tomarlos prestados de la biblio, y garantizando, por encima de todo, la sinceridad de mis recomendaciones.
  • En algún momento de este año también abrí la página de facebook de Meriendo libros, que va bien, pero también muy poquito a poco (como lo demás). Si aún no la has visitado, puedes hacerlo aquí y darle un "me gusta" para ayudarme a difundirla y llegar a más personas interesadas.
  • Y, por supuesto, sigo esperándoos en el "mar del Norte" de mis comentarios.
Un abrazo,
Aida

domingo, 29 de mayo de 2016

Para niños: La cebra Camila, Marisa Núñez y Oscar Villar


Había visto este libro nombrado varias veces en el La biblioteca de los peques, un grupo de facebook que me está descubriendo muchos cuentos y autores de literatura infantil y que también me está ayudando mucho a difundir mis reseñas "para niños", así que aprovecho esta entrada para recomendároslo si aún lo lo conocéis. 
Ha coincidido que lo he visto en la biblioteca del Cervantes y me lo he traído a casa.
A Maia le ha gustado, pero como le pasa últimamente con otros libros de poco texto (este tiene un par de líneas por página), pronto se le queda un poco corto.
El cuento tiene un comienzo poético con nuestra protagonista, la cebra Camila, viviendo "allá donde se acaba el mundo, en el país donde da la vuelta el viento".
Camila quiere ser libre, sin tirantes ni ataduras, pero su madre (como muchas de nosotras) es fan de abrigar a su hija; ayyy, con lo que le gustaría a Camila rodar por el campo sin sentirse comprimida en su apretado mono de vestir.
Un día sale de casa sin ropa y pierde sus rayas, lo cual le pone tan triste que se echa a llorar.
A partir de aquí, el cuento se convierte en una de esas historias trenzadas y rimadas que tanto gustan a los niños. 
En cada página un animal diferente le devolverá una de sus rayas, aunque de una forma especial y mucho más original que la que tenía originalmente.
La serpiente le da un anillo, el caracol una rayita de plata de su baba, el arcoíris una banda de colores... 
Cuando Camila vuelve a casa ya casi no llora y tiene un precioso vestido variado y multicolor... y que no aprieta, hecho con las rayas que le han regalado sus amigos.

La cebra, aún así, está un poco triste porque piensa que su madre quizá se va a enfadar con ella por no llevar el mono que ella siempre le pone. Pero la mamá, en cambio, le dice que ya es grande para llevar cordones y tirantes, y le trenza una preciosa cinta para que adorne sus crines.

A pesar de que lo hemos leído pocas veces a Maia le ha hecho bastante gracia Camila y el soniquete de la historia. 
Me parece un libro muy adecuado para niños de 3-4 años, y con él se puede trabajar la diversidad, el valor de cada uno de nosotros independientemente de que no nos adaptemos a un estándar y el valor de la amistad.

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lunes, 16 de mayo de 2016

Para niños: Una cosa negra, Emilio Urberuaga




Hace poco os hablé de Emilio Urberuaga, sobre todo en su faceta como ilustrador. En el libro que os voy a enseñar hoy firma tanto los dibujos como el texto.

El protagonista de la historia es Bruno, "una cosa negra que se aburría como una ostra gris". Bruno busca un amigo ya que se siente muy solo. Se va encontrando a diferentes animales: dromedarios, ovejas, gaviotas, narvales, cocodrilos o jirafas, y se mimetiza con ellos para que le dejen jugar, pero todos le ven diferente y no le hacen caso.





Al final del cuento, en un toque humorístico que ha sido muy celebrado por M., Bruno se encuentra con diez cacas, pero no se transforma en una de ellas porque le da bastante asco. 


Por la noche, ya cansado... de pronto se encuentra una cosa blanca, le pregunta si quiere jugar al escondite y la cosa blanca acepta encantada. ¡Por fin Bruno ha encontrado una amiga!



Es un cuento interesante, con un lenguaje sencillo y ocurrente, en el que se trabajan los números del uno al diez y también se puede tematizar con los niños la importancia de la amistad, la discriminación y reforzar la idea de inclusión mediante el juego con otros aunque sean diferentes a ti.



Es ideal a partir de los dos años y medio, cuando ya puedan meterse en la historia, entender los conceptos y empezar practicar los números.

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